NO HAY PACTO SOCIAL

NO HAY PACTO SOCIAL

DANTE N. PINO ARCHONDO

 

¿Cuál es la valoración de un Pacto Social para instituir un Estado? Este es el fondo del tema. ¿No es que el Pacto Social requiere de la voluntad soberana del pueblo para ser parte constitutiva del Estado sobre el que se edificará la vida institucional de todos? ¿Y esa voluntad social no debería abarcar, al menos, los dos tercios de la voluntad soberana? Sin esto, ¿es posible afirmar que, dados los resultados del referéndum, tenemos en Bolivia un Pacto Social?

La democracia desde el punto de vista sindical es la imposición de la mayoría sobre la minoría, aunque esta quede muy cerca de esa mayoría. Lo que normalmente lleva a asumir medidas que luego se debilitan en su capacidad de acción. Y esta visión sindical de hacer de toda Bolivia una gran asamblea, donde el voto define al final los resultados, sin ver más allá de lo aritmético es lo que nos está encaminando hacía el mayor caos: social, político, económico y cultural de nuestra zarandeada historia.

Ayer el voto ha dado como resultado final la inviabilidad del Pacto Social buscado. Que el voto sea legal y no legítimo, que la mayoría ha dado su palabra, que la democracia es un voto un ciudadano, todo eso es insubstancial y no contiene el fondo del asunto. No hay Pacto y esto es lo que debemos entender.

Sobre este resultado, es inútil hablar de implementar la nueva constitución y amenazar con la cárcel a quien se oponga. Posición política expresada por el señor García Linera y que nos ha de llevar a un nuevo ciclo de enfrentamiento fratricida.

La voluntad el altiplano boliviano se contrapone a la voluntad de los llanos del oriente y los valles del sur. El rechazo del 40 por ciento del soberano es más que suficiente para reconocer que no hay pacto social. Y que las visiones de país son distintas y contrapuestas. Por eso, así como la media luna ni puede imponerle al altiplano su voluntad y visión de país, este no puede de la misma manera imponerle la que tiene.

Son cinco señales en diferentes actos electorales que nos dan la certeza de esta afirmación. Mientras el altiplano sostiene al gobierno, le da el voto para su elección, para su reconfirmación, para la aprobación del Estado Plurinacional comunitarista, el oriente y sur le rechazaron con la misma fuerza e intensidad. No hay Pacto.

La lectura lineal que pretenden hacer algunos ciudadanos desde el gobierno y fuera de él, tratando de dar por terminado este asunto – aunque el señor García Linera, tuvo antes una visión diferente de la manera en que se expresa la democracia de un ciudadano un voto, calificándola de “democracia de mercado” y por tanto insubstancial respecto a la voluntad del soberano que no puede ejercer con “libertad” su pensamiento, por la inducción que se hace de él, en conexión a las ofertas de contenido mercantil con las que se le induce – hace que ahora ese ciudadano sea valorizado en el pensamiento oficial y ese voto mercantilizado cuente para definir una victoria, que en realidad es la victoria del fracaso.

¿Si no hay Pacto Social, hay nueva Constitución? ¿Y si no hay nueva constitución que se puede aplicar de ella? Vamos camino a un punto de bifurcación, donde la ruptura es casi inminente. Y en este punto me detengo. Porque seguir insistiendo en que el Gobierno vea las cosas de manera distinta a las que se empeña en verlas, es arar en el mar.

Para Evo Morales el Estado colonial ha terminado recién ahora. No en 1952 como fue. Y por tanto él se siente mensajero de un nuevo evangelio. Con este impulso pone en marcha su reelección, que es al final todo lo que cuenta.

 

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