EL USO DEL PODER INTELIGENTE

 

DANTE N. PINO ARCHONDO

El asunto de Honduras llama a la curiosidad y a la reflexión, por los caminos poco despejados en que ha transitado el llamado golpe institucional y ahora el arreglo poco ortodoxo al que arriban los señores Micheletti y Zelaya.

Lo primero que llama la atención es la intervención de los Estados Unidos casi para dar la puntada final a lo que se entiende ellos mismos dieron el visto bueno para que empiece. Me explico. Ahora sabemos que semanas antes del golpe, los Estados Unidos estuvieron en conversaciones con los posteriormente calificados golpistas. Thomas Shannon era uno de ellos. Y no hay manera de refutar los hechos si tomamos en cuenta que Zelaya salió despedido en pijamas desde la base militar de Soto Cano, controlada por los norteamericanos.

¿Fue una decisión planificada aplicando lo que ahora se denomina en el Departamento de Estado, dirigido por la señora Clinton como el resultado del manejo operado por el “poder inteligente”? Política que aplica la técnica de la persuasión antes que el uso privilegiado de la fuerza (hard power), que tuvo su auge en el gobierno republicano anterior. Y que tal como se ven las cosas, ha tenido resultados: primero para inducir al golpe y luego para recomponerlo.

En todo el proceso los Estados Unidos tuvieron una conducta llamativamente ambigua, el Presidente Obama condenando el golpe y el Embajador norteamericano reunido con Micheletti, USAID financiando los gastos del soporte y la señora Clinton controlando el desarrollo de todo a través de Oscar Arias en las negociaciones para parchar el proceso fracturado y ahora con el envío del ex presidente Lagos un hombre vinculado a organizaciones que tienen como fin defender la democracia.

Lo cierto es que las pretensiones de Mel Zelaya fueron paradas en seco y las ventajas comparativas del Chávez sufrieron un revés sin retorno. Quebrar un proceso constitucional es un asunto que no tiene vuelta. Y por eso se ha criticado más la forma que el fondo de la destitución de Zelaya. Los mandatos constitucionales, se entiende que están regidos por la constitución, por eso se llaman así. Si el mandatario se sale de ese marco deja de ser constitucional.

Ahora bien, si Zelaya pretendió desconocer la constitución, forzando un referéndum, ¿es cierto que se puede reclamar su constitucionalidad y en base a ella, aplicar un retorno de tiempo limitado solo con el fin de darle continuidad constitucional a las nuevas elecciones?

Parece un asunto de comedia. El Presidente destituido por atentar contra la constitución, firma un acuerdo con sus destituyentes, para retomar la Presidencia con el fin de darle viso de legalidad al voto del pueblo. ¿Necesita el soberano que se les otorgue un aval en su decisión de elegir a sus autoridades?

Si es así, entonces podríamos decir que si un Presidente en funciones rompe su mandato por propia voluntad, las elecciones futuras carecen de validez mientras este no otorgue su veredicto. No tiene ningún sentido. Cómo no sea para remarcar la parodia que se ha montado, entre la aplicación de ese “smart power” (poder inteligente), la OEA, mediaciones y acuerdos en un enredo de declaraciones y acuerdos que pretenden ser legales, cuando toda la legalidad fue desconocida por todos, sólo para justificar los medios que llevaron al fin: evitar que Honduras caiga en el ámbito del poder chavista.

 

 

 

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