ENTRE ROSARIO CANEDO Y YO

DANTE N. PINO ARCHONDO

Poco a poco, con la frialdad de un asesino que sabe como desangrar a su víctima hasta que fallezca, así se ha procedido con el pilar más importante que tiene el Estado de Derecho. El Poder Judicial. Sólo en las democracias institucionalmente fuertes, se valora a la justicia como la base que sustenta las libertades y resguarda los derechos. No es el Congreso el primer poder del Estado, es el Poder Judicial, porque sin el simplemente no hay democracia ni Estado.

Respetar la justicia no es un mero acto de formalidad. Es un principio que no puede estar en tela de juicio. Y este principio exige que la institucionalidad jurídica tenga todo el respaldo de su sociedad y sea un vaso sagrado que no puede ser mancillado por la ambición política y menos por el abuso de Poder.

Sólo los gobiernos inseguros, atropelladores, conculcadores de las libertades y de los derechos, pueden pensar en deshacerse de este órgano de poder o debilitarlo al extremo, de que sirva para adorno circunstancial, pero no para el fin que fue concebido. No hay justificación alguna que amerite una acción en este sentido.

La justicia en Bolivia siempre ha sido el talón de Aquiles del Estado. No sólo se ha sostenido, supeditada al presupuesto asignado, que ya es una forma de sujeción indebida, sino que se ha constituido alrededor del caudillo de turno. Y en esto ha existido siempre la complacencia de los hombres de ley, que en vez de rechazar esta manera de hacer política, se prestaron siempre al juego político.

La justicia no sólo se ha desangrado por los cortes externos que le han hecho, sino también por las acciones que desde dentro han cometido sus actores. Así se ha logrado establecer una correspondencia entre el caudillo político y la justicia. Por eso debemos ver la crisis actual en sus dos dimensiones: la que pretende absorberla sin compasión ni respeto por su valor intrínseco, y la complaciente que busca sacar provecho personal de esta sumisión política que parece no tener fin.

Por esto resulta cómica la opinión del señor Rodolfo Mérida, actualmente a cargo del Consejo de la Judicatura, para quién, mientras un Ministro de Justicia, corra de una sala a otra y si esto no alcanza se nombren abogados notables, recolectados de cualquier bufete, la administración de justicia persiste y no se puede hablar de colapso. Este doctor en leyes, confunde las cosas. No se trata de que el carro ruede, aunque sea empujado por la fuerza de dos ciudadanos, se trata de que el cuerpo institucional sea respetado y en esto no hay forma de evitar que la justicia colapse, no sólo en la cantidad de casos a tratar sino en la calidad con los que se debe tratar. Para el señor Mérida, se puede hacer justicia como sea, para el ciudadano se debe hacer justicia con el debido respeto por los derechos de cada quien.

Y por este tipo y clase de cómplices internos en la judicatura, el Poder Judicial es tratado como mercancía de feria barata. No hace poco este mismo señor, le pedía al caudillo que dicte un decreto para nombrar Ministros, mostrando su abyección política y ambición personal.

Y claro, seguro que me tratará como a un fugitivo y rebelde ante la justicia, dirá que no tengo moral para hablar. Pero se equivoca, si la tengo y hago uso de ella, porque soy una víctima de la manera de hacer justicia, al igual que la Ministra Rosario Canedo, ambos hemos sido desconocidos en nuestros derechos al debido proceso. Yo por un tribunal, y sus colegas que me han anunciado sentencia violando el código de procedimiento Penal, y ella por un Parlamento, verdaderamente “levanta manos” y sumiso al caudillo. Ambos sufrimos por lo mismo. Nos sentimos pisoteados en nuestros derechos y avasallados por el Poder que no respeta la ley y que la usa para su beneficio.

Yo tuve que buscar refugio político porque ante al abuso de Poder no hay fuerza que lo detenga, no hay forma ni vale de nada invocar la ley, eso es sólo papel desechable. Y quienes hoy día en Bolivia piensan que tienen seguridad jurídica, cuando lleguen a un Tribunal se darán cuenta de su error.

Entre la doctora Canedo y yo hay algo más que una casualidad, que parece conocer muy bien el doctor Mérida.

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de napuco Publicado en 1