GONI SOSTUVO AL MAS

 

DANTE N. PINO ARCHONDO

La política en Bolivia siempre ha tenido la sombra de los grandes intereses. Españoles en tiempos de la colonia y hoy en algunos sectores petroleros y relacionados con el manejo de la cartera jubilatoria, ingleses y norteamericanos, en tiempos de la república, siempre en rubros mineros o petroleros. Estos intereses, también han tenido a lo largo de la historia los intermediarios, que cómo decía Marcelo, medraban de las migajas que estos les dejaban en la mesa. Con esta admonición, se trataba de llamarles la atención a esos empresarios nacionales incapaces de creer en ellos mismos para establecer un Estado con la fortaleza suficiente que convierta estos patrones en socios.

Pero nunca fue así. La intermediación ha sido norma de conducta. Ganar fácil y expatriar las utilidades o gastarlas en consumo suntuario. Cada actor en un determinado momento de la historia tuvo su papel, Pacheco, Patiño, la elite creada al calor de la revolución del 52, en la banca, comercio importador y latifundio oriental, sobran nombres y apellidos, la rosca militar empresarial que se estableció al calor de las dictaduras del setenta, todos ellos fueron los que facilitaron la explotación de recursos naturales sin una justa retribución.

Y el último y más lúcido representante de esta cadena, ha sido Gonzalo Sánchez de Lozada. El proceso que él inició en 1993 ha sido el único que ha tenido una visión y metas capaces de adecuar al Estado débil e intermediario, en un Estado socio de las inversiones. Proceso que requería del apoyo y actitud convencida del empresariado nacional, que en vez de sumarse al proceso, se quedó en su pequeña esfera tradicional de intermediar. Y sin duda proceso que no fue comprendido en toda su dimensión por las representaciones políticas de la burguesía nacional.

Se lo ataca como neoliberal, cuando en el fondo Sánchez de Lozada fue un reformista estatal. La capitalización le ha permitido al actual gobierno sostenerse hasta este año, sin hacer ningún esfuerzo para fortalecerla, al contrario, peor que el MIR, que no pudo privatizar (1989-1993) o la ADN que estancó el proceso (1997-2002) el MAS ha destruido lo poco que sostenía a este proceso y lo ha convertido en una masa donde todo puede caber y nada parece suceder.

Lo cierto es que los activos nacionales, siguen en función a los dictados del mercado externo (llámese sujeción o dependencia) las inversiones externas siguen siendo la única palanca posible de activar el desarrollo y el endeudamiento, externo o interno la fuente primaria para establecer un presupuesto de inversiones en el campo social.

No hubo ni tenemos una ruptura seria y distinta a la ofertada por Sánchez de Lozada en 1993. Los intentos de apartarse del mismo han acabado en sometimientos mayores (nacionalización del gas), en ausencia de inversiones (minería, agroindustria, agricultura y ganadería) en un fortalecimiento de la intermediación financiera (banca, cooperativas y fondos de inversión) y en una política de desintegración de los mercados nacionales y de aislamiento internacional.

El M.A.S. tiene un discurso poco constructor. Ofrece reemplazar al capital privado por el Estado, centralizar la inversión económica y someter a un proceso de culturización andina a toda Bolivia. Mientras que las unidades empresariales esparcidas en todo el circuito nacional, quieren libre mercado y poca intervención del Estado especialmente en materia impositiva y crédito unido a la asistencia técnica y miran más a la cultura occidental que a la luna y el sol.

Son estas equivocaciones históricas las que han prolongado la dependencia y el atraso económico – social. Por eso nos esperan cinco años más de desasosiego e indefinición programática. Y por eso comprendo que Samuel venda sus acciones cementeras a inversionistas extranjeros y Manfred hipoteque su casa. Ambos participan de la incredulidad de este proceso y del futuro nacional.

 

 

 

 

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de napuco Publicado en 1