LOS GOBERNADORES?


Y todo fue como tiene que ser. A la criolla. Los gobernadores elegidos democráticamente en sus departamentos, convocados por el Presidente para jurar sus cargos. En otras palabras, el centralismo presidencialista, anunciando que ellos le deben obediencia. Pueden ser todo lo gobernadores que quieran, pero el Estado soy yo. Evo Morales. El Ungido.

Y en un acto donde el que más habla gana. Naturalmente Evo Morales ganó y de lejos. Con amenaza incluida. “Cuidadito con los conspiradores. Yo tengo el apoyo del pueblo”. Me pregunto: ¿y los gobernadores el apoyo de quien habrán tenido? Respuesta: hay dos tipos de pueblo, el que apoya a Evo y el que vota por los gobernadores.

Para el dueto Morales-García, el pueblo son ellos. Y lo que piensan, dicen y deciden, piensa, dice y decide el pueblo. Los demás y lo demás no cuentan. Así que autonomías habrán pero a la medida del pensamiento del pueblo, es decir del dueto. Convocar a los gobernadores fue un acto de amenaza y aviso incluido. Porque no hay que olvidar que autonomías sin recursos económicos son como carro sin llantas.

Tengo que trabajar con ustedes, dijo el Presidente, no con alegría sino con pesar. Algo así como tener que soportar un matrimonio a la fuerza. Porque estos gobernadores, me refiero a la tripartita de la oposición, le van a pedir dinero, que los otros, los de la seisena oficialista no harán. Ellos esperaran a que el Ungido llegue con los cheques y les recuerde que todo se lo deben. Los tres mosqueteros en cambio le van a pedir lo que el Ungido no está dispuesto a dar.

Darles dinero a los gobernadores de la triada sería como darle llantas a su carro y gasolina suficiente para que comiencen a correr. El Ungido es analfabeto funcional pero no es estúpido. Así que eso y la cara de Dios nunca verán.

Lo criollo de todo esto, es que el disparo sale por donde menos piensas. Y en Uncía ya dieron el primer tiro y ahora los Tipnis del parque Isiboro Secure, le avisan al Estado, es decir a Evo Morales, que su territorio no se divide por una carretera y que sus ancestros y las autonomías regionales no lo permitirán.

En Uncía se asesina, se declara territorio libre y el Defensor del Pueblo tiene que pedirle garantías a los Mallkus originarios indígenas del Norte de Potosí, para poder ir a reclamar los cuerpos de los policías, asesinados y sospechosos, a su vez, de ser asesinos de choferes.

Lo que nos muestra todo esto, es que las autonomía vienen sazonadas de varios condimentos, a saber: centralismo autoritario que tiene un Ministerio de Autonomías, para los que piensen en ser autónomos en serio, dinero solo para los dóciles gobernadores del MAS, territorio libre para los indígenas originarios que ya saben de su derecho de propiedad y no les interesa conocer la ley y Evo Morales dispuesto a seguir usando de cheques que pongan dóciles a los bríos de esos caballos broncos que quieren ser lo que no deben: autónomos.

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AUTONOMIAS A COLORES


DANTE N. PINO ARCHONDO

No es importante que cace ratones sino que el gato tenga color. Podría aplicarse a lo que ahora sucede en Bolivia. Los colores por ahora deslumbran, distraen y confunden. Cierto. Pero logran el objetivo. Y en tanto la vista social del pueblo siga las figuras coloridas que le tiene atrapado, poco se puede hacer.

La concepción del Estado, desde el punto de vista de quienes hoy día gobiernan, contiene una necesaria y poderosa concentración del Poder. No se puede ceder Poder a nadie. Y a la vez que se trata de conseguir el dominio ideológico se busca debilitar el poder económico de la oposición. En este sentido expandir las actividades del Estado en la economía resulta un eje estratégico imposible de renunciar.

Las nacionalizaciones en este contexto, no importan tanto en el coste que representan para el Estado, cuando lo que se busca es el control político de la economía social. Mostrarse como Poder es entonces tener la capacidad de definir precios, costes de producción, y la frontera de expansión de la actividad privada. No es el mercado el que debe asignar los recursos. Es el Estado en nombre del cambio y de la defensa de los intereses populares.

Las autonomías regionales son es este contexto un instrumento que se contrapone a la estrategia central del Gobierno, si se les otorga capacidades y atribuciones superiores a las de Estado central. Y la única manera de considerarlas en la esfera institucional actual es sometiéndolas a la voluntad de su Poder.

Esto se veía desde muy lejos. Casi desde que Santa Cruz decidió aprobar sus Estatutos Autonómicos. El Gobierno medía fuerzas, pero avanzaba en sus planes de supeditación, primero política, debilitando su fuerza económica y luego social dividiendo a sus instituciones líderes y a los liderazgos internos.

El socialismo comunitario, expresado en el Estado Plurinacional, no contiene autonomías reales. Lo que acepta, son autonomías indígenas originarias, para controlarlas mediante el uso deslumbrante de la palabra autonomía, despojándola de todo contenido real autonómico.

Una verdadera descentralización del Estado tiene que ir acompañada de serios y profundos cambios en el Presupuesto General de la Nación, transfiriendo tanto recursos económicos, como financieros para que las autonomías sean tales, lo cual en este proceso no se producirá, más allá de algunos colores distractivos usados a propósito para hacer prestidigitación.

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POR QUE QUIERO MAS SALARIO?


 

 

Normalmente los pedidos de incremento salarial son el resultado de la brecha entre este y los precios. El incremento de precios en la canasta familiar es en realidad una penosa disminución del poder adquisitivo, o sea, es como rebajarle el sueldo al trabajador.

Los precios se elevan por una insuficiencia de producción en la oferta, por un incremento en los costos de producción o por un incremento de la demanda que puede ser el resultado, en este caso de la escasez de los bienes que se demandan. Lo que pasa en Bolivia es una combinación de estos factores. La producción disminuye, fíjense en la agricultura que está dejándolos cultivos tradicionales por el cultivo de la coca. La caída de la producción textil, por pérdida de mercados, la reducción de las inversiones domesticas y mucho más la inversión extranjera por la inseguridad jurídica.

Todo esto ha presionado sobre los precios, junto con la emisión monetaria producto de resultado de la balanza cambiaria, hay más dólares y esto produce más bolivianos en circulación.

Un gremio sindical con la cabeza lúcida y los pies en la tierra, prepararía un análisis económico que demuestre cómo estos factores han tenido un impacto en el poder adquisitivo de los salarios. Eso sería tener argumentos y por supuesto esos argumentos deben estar respaldados por las bases sindicales, que saben lo que piden y saben por qué lo piden.

En la Bolivia de hoy, razonar es un lujo. No hay espacio para debatir con argumentos, no hay forma de tener niveles de discusión que posibiliten el entendimiento. El gobierno cree que comer pollos es la causa del homosexualismo y que la Coca Cola es para destapar baños, dice que producir derivados del petróleo es capitalismo salvaje y que cocinar en ollas de barro es civilización. Con tales niveles de análisis y pensamiento ya podemos darnos cuenta de lo que tenemos como debate en la ciudadanía.

Y por esto no es de extrañar que el pedido de aumento salarial esté en función a la comparación de los sueldos de los parlamentarios y de los Ministros. Los dirigentes de hoy tienen como argumento lo que ganan unos pocos en relación a lo que ganan muchos. Así que la lógica es la inversión de este valor, aunque en rigor de la verdad lo que persiguen es que todos ganen como los Ministros y parlamentarios.

Al escuchar las comparaciones me viene a la mente una canción conocida y repetida en todos los tonos y melodías posibles durante los años del 2000 al 2003. El MAS y Evo Morales la entonaban por igual. Los neoliberales eran la muestra del uso del Poder para unos pocos. Y en esos años ser parlamentario equivalía a ser delincuente, aunque los masistas eran parlamentarios. Claro que ellos se excluían del calificativo por ser masistas.

Llegaron al Gobierno, derrocando gobiernos. Conspiraron como los mejores, enfrentaron al pueblo con muertos sin ninguna piedad. Y se proclamaron vencedores y en esa calidad los nuevos amos del Poder. El pueblo admirando, votó por ellos no una sino varias veces para reafirmarlos en su inequívoca misión del retorno a los 500 años del Tahuantinsuyo.

¿Qué pasó para que los argumentos contra el neoliberalismo se repitan ahora contra Evo Morales y su plurinacional socialismo comunitario?

¡Es la economía….estúpido!

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LA CENTRAL OBRERA DEL SEÑOR MONTES


DANTE N. PINO ARCHONDO

Hay muertos que caminan. Pero están muertos. Y en su andar deambulan y hacen gestos. Pero están muertos. Gritan sin que se los escuchen. Porque están muertos! Es la Central Obrera Boliviana. Que de obrera no tiene nada. Pero que está repleta de vividores como el señor Montes no cabe duda.

Socio del gobierno por decisión propia. Adulador de Evo Morales y tira sacos del Ministro de Gobierno que le paga, lo acordado para que tenga a la COB en silencio. Esta sombra que ahora representa a los trabajadores no tiene forma ni contenido alguno.

Las actuales condiciones de vida que tienen los bolivianos es el resultado de la política económica del Gobierno Plurinacional. Mientras la canasta familiar se achica los discursos y gastos de la burocracia masista aumentan. La nueva burguesía burocrática del MAS se convierte en la síntesis del neoliberalismo y el socialismo comunitario. Son en otras palabras el resultado de su propia construcción ideológica.

No pueden ser otra cosa. Ni chicha ni limonada. Así que el señor Montes forma parte de esa comparsa de muertos en vida. Pide aumento salarial presionado por sus bases, pero no sabe decir a cuánto debe ascender ese aumento. Un dirigente digno de pertenecer al MAS. Que es, a su vez, un gobierno que no sabe si es capitalista o socialista.

Pedir por pedir, sin saber cómo y cuánto debe pedir. Los trabajadores deben estar muy confundidos, puesto que mientras el mercado les enseña precios que sus salarios no pueden cubrir, el señor Montes que recibe un plus del gobierno no tiene idea sobre el costo de vida y quiere que el Gobierno les ofrezca alguito más. ¡Todo un dirigente!

Los salarios han perdido poder adquisitivo. La producción nacional decrece. Las inversiones son cero. El gasto del gobierno se duplica. Los ingresos fiscales decrecen. Y este camino de errores es mostrado como ejemplo de saber dar cátedra en economía. Ahora que comienzan a sentir el resultado del jolgorio económico que ha creado el Gobierno del MAS, el señor Montes con los dientes apretados debe acceder a una huelga que no quiere. Porque no sabe cómo explicarles a sus bases, por qué luego todo el despelote económico al que han conducido sus cuates del MAS, no se tienen mejores salarios y mejor nivel de vida.

¿Dónde está el cambio? Se preguntan. Y la respuesta es el cinco por ciento de incremento. Es el reflejo del tamaño de la economía nacional. Entonces, ¿qué ha sucedido con la grandilocuencia de las nacionalizaciones, de los bonos repartidos, de los procesos de industrialización, del fin del capitalismo y toda ese derroche de saliva que tuvieron estos años?

Mucha gracia hace escuchar a estos caballeritos de terno y corbata que nos anuncian inversiones millonarias que justifican el cinco por ciento de incremento a los salarios. O sea que el Gobierno Plurinacional no tiene socios para invertir, que aquellos ofrecimientos millonarios de Venezuela no existen.

El Gobierno solito tiene que prever invertir y con su propio dinerito. Así que no alcanza para nada más. Me pregunto, ¿invertirán dentro un sistema capitalista o socialista? Parece que el Gobierno ha decidido centralizar la economía. Y eso solo equivale a una cosa. Adiós a las autonomías.

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EVO NO ES CHISTE


Editorial


EDITORIAL

Evo no es chiste

Fue la broma del mes. Las palabras del presidente boliviano, Evo Morales, sosteniendo con pasmosa seriedad que la homosexualidad y la calvicie son “culpa” de la ingesta de pollo, dieron materia prima para que el mundo se riera con ganas. Pero más allá de lo humorístico que tiene el tema, el escándalo generado en torno a las palabras de Morales revela algo preocupante; la liviandad con la que se construyen los mitos políticos hoy en día.
Hasta hace sólo semanas, Evo Morales era un estadista. La sociedad internacional lo trataba con respeto, los sectores intelectuales se derretían ante el personaje y su vida cinematográfica, y los dirigentes políticos de izquierda lo llevaban a lo más alto de su panteón ideológico. “Es lo más interesante que ha pasado en la izquierda latinoamericana en décadas”, decía hace poco nuestro vicecanciller Roberto Conde.
Estos juicios, atravesados por dosis importantes de ignorancia, complejos históricos mal asumidos y corrección política absurda, se vinieron a pique. Bastó que cargara contra un grupo organizado como el colectivo gay, para que el indio bueno y defensor de lo natural se convirtiera en un troglodita de un día para otro. Y la culpa de esto no es de Morales. Desde su llegada al poder, el mandatario andino ha dado sobradas muestras de una concepción mental intolerante, retrógrada y poco democrática, amparado por una pátina de enamoramiento con un pasado mítico más que discutible. Los ejemplos sobran.
Meses atrás, el gobierno boliviano, que cuenta con mayoría propia en el Congreso, votó una ley “anticorrupción” para penar el mal manejo de los recursos públicos. Esa ley, que tipifica delitos imprecisos como el daño a los intereses superiores del Estado, incluye entre sus detalles más asombrosos su aplicabilidad retroactiva, o sea que alcanza a acciones realizadas antes de su existencia. El objetivo explícito de la norma, que se da de trompadas con las bases del sistema legal occidental, es juzgar a los mandatarios constitucionales que precedieron a Morales, en una cacería de brujas que ya ha motivado que más de 20 dirigentes opositores hayan debido dejar el país.
No contento con eso, Morales nombró por decreto a 18 nuevos jueces para integrar la Suprema Corte de Justicia y otros altos tribunales. Todo ignorando disposiciones de la constitución que él mismo promulgó, que fija que los jueces deben ser electos por voto popular. Además, siguiendo un precedente iniciado por Fujimori en Perú, recorta el mandato de los jueces actuales. Esta polémica reforma, llamada la “ley corta”, ha significado el tiro de gracia para la independencia del poder judicial en Bolivia, lo cual ha generado que hasta la Oficina del Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos expresara su inquietud.
Otra de las medidas impulsadas por Morales ha sido la de consagrar la “ley indígena originaria”. Según la nueva constitución, esta poco ortodoxa fuente de derecho coexiste con la justicia ordinaria y goza de igual jerarquía. Claro que sin que existan normas escritas y claras que digan lo que se puede hacer y lo que está prohibido. Así han proliferado tribunales populares que deciden tomarse la justicia por su mano y aplican penas inhumanas sin ninguna garantía legal. Linchamientos, azotadas y humillaciones públicas son parte integral de un sistema de justicia que según un reciente artículo del jurista Luis Eduardo Siles “se asemeja a lo que ocurre en lugares gobernados por el fundamentalismo islámico”. Siles llega a afirmar que “en Bolivia rige la pena de muerte, sin ley ni proceso”.
Pues todo esto estaba a la vista de la comunidad internacional hace tiempo. Y sin embargo todos aplaudimos a Morales como si fuera una especie de Mandela andino, tomando sus exabruptos y ataques a quien piensa diferente como parte del “color” que rodea al primer presidente indígena de Latinoamérica. Está claro para cualquiera que haya ido a Bolivia que se trata de un país especial y con unos contrastes chocantes, que explican sobradamente el surgimiento de un liderazgo como el de Morales. Pero eso no debería ser suficiente como para que el mundo entorne los ojos ante abusos y excesos injustificables, que si hubieran provenido de cualquier otro político, habrían desatado un escándalo mucho más grave que el causado por el pobre pollo.
El País Digital

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1ero de mayo precios y salarios


No es que las cosas estén cambiando, solo están emergiendo. Y claro como estuvieron tanto tiempo sumergidas en ese rio borrascoso de la política barata sus efectos estaban como adormecidos. Los trabajadores miraban a Evo. Evo a los trabajadores y esas miradas no se encontraban. Nunca hubo conexión entre la clase trabajadora y el dirigente cocalero. Para los obreros la cuestión es producir, sin producción no tienen futuro. Para Evo morales la producción capitalista es simplemente un crimen.

El destello de nacionalizaciones que aún persisten con las empresas generadoras de electricidad, los discursos del cambio, las elecciones ganadas, las persecuciones políticas y los conflictos creados con fines aviesos iban con un rumbo distinto al que necesitaba la economía.

Al final esa manera de hacer política de anuncios, de amenazar, de sentirse capaz de desafiar al capitalismo, se gritar consignas desgastadas por la historia, dejó de deslumbrar. Y cuando eso sucede todos se dan cuenta de las sombras que los envuelven. Esas sombras tienen nombre: poder adquisitivo de los salarios.

Siempre estuvieron ahí la noche y las ansiedades. Pero esas luces contratadas mostraban un día que nunca existió. Bueno ahora el cambio serio, el cambio real, comienza a perfilarse. Y tal como se preveía, el gobierno de Evo Morales no tiene respuestas ni programa para resolver la brecha: precios-salarios.

Un 5 por ciento contra un 25 que piden los trabajadores, incluidos los policías. Mientras que la inversión, fuente de creación de empleo, se pierde cada día, por la inseguridad jurídica que se vive. La Jindal dejó el contrato para explotar el Mutún y Evo cree que su Comandante Chávez lo hará. El mensaje de Pan American iniciando juicio al Estado boliviano por la nacionalización de Chaco, está alertando a los inversores en el mundo: Bolivia no es país para invertir.

El capitalismo, demuestra su musculo mientras el socialismo que queda cosido al castrismo anuncia en la isla el despido de un millón de trabajadores supernumerarios del Estado cubano. Si en Bolivia no se puede consumir más, como en la Argentina, en Cuba ya no se consume. Esa es la realidad.

Tenía que suceder. Bolivia iba a ver agotado el ciclo de la bonanza pasajera que le permitió el lujo de vivir cuatro años sin hacer nada. El gasto corriente fiscal se ha multiplicado mientras que los ingresos han disminuido. Las exportaciones caen en volumen y valor, mientras que las importaciones crecen. La inversión pública es ineficiente, porque gasta mal y tiene pocos beneficios o simplemente no gasta porque no sabe cómo.

Comienza a verse el día de otra forma y el gobierno no tiene como ocultar lo que se ve alrededor. Seguramente en su rabia enardecida tratará de vengarse con aquellos que pueda y que sirvan de ejemplo para el escarmiento. Algo así como en Cuba, cuando se deja morir de hambre a un preso político y se lo trata de esbirro capitalista. Evo no tuvo ni comienzo ni tendrá final. Sólo fue un destello.

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