EL TEMA DE LA OPOSICIÓN

 

Dante N. Pino Archondo

Repetir lo que parece un denominador común: que no existe oposición o que para no hablar de inexistencia, lo que sucede es que no hay capacidad de articular una oposición que tenga al menos dos requisitos: convocatoria social y propuesta política, es el eje sobre el que giran “sesudos analistas”

Tal parece que es muy difícil darse cuenta de que en Bolivia, la fractura del proceso constitucional del 17 de octubre de 2003, tuvo, entre otros, este resultado de anulación del sistema de partidos y del pacto de sostén democrático en el que se desenvolvía el país. Resulta demasiado cómodo, referirse al actual proceso, con simplezas tales como las de reclamar una oposición, cómo si a partir de ella las soluciones emergerían por cuenta propia.

El país se ha quebrado y resulta, por lo visto, que esta realidad no se quiere asumir. Todos estos últimos cinco años, hemos visto suficientes hechos que demuestran esta ruptura nacional, Y no estoy diciendo que porque el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada cayó en medio de una asonada planificada, el mundo se acabó. No se trata de eso. Pero no asumir que luego de ello, la vida institucional, regional y nacional está sumida en una fase prolongada de desagregación de la vida nacional y creer que continuamos como país con una democracia renovada  que tiene fortalezas como para proseguir, es persistir en no mirar de frente lo que nos sucede.

 No hay oposición, porque tampoco hay democracia. Así que pedir lo que no se tiene, parece ser realista, en el mundo del revés donde nos encontramos. Pero no es racional. Sucedía en el siglo pasado, cuando los militares asumían el Gobierno con golpes armados, se dislocaba la vida nacional y ese régimen asumía el control total de la república. Pues volvió a suceder. Pero no fueron los militares, sino los sindicatos como organizaciones corporativas que dieron el golpe y tomaron el control del Gobierno, pasando luego a una transición mediante la convocatoria repetitiva del voto como la mejor forma de camuflar el golpe.

Los militares prometían devolver el Poder, cuando las “condiciones estén dadas”, las organizaciones sindicales prometen hacerlo cuando “el proceso de cambio este concluido”, es decir “cuando las condiciones estén dadas”. No hay diferencia entre aquellos y estos otros.

Lo que se ha perdido es la democracia. Y no importa que para efectos formales tengamos los órganos de poder que reclama el simplismo democrático con el que se visten ahora muchos, para no tener que presentar cara, a lo que está pasando.

Una onda expansiva de irracionalidad aplaudida ha sido la constante después de octubre de 2003. Y ahora cuando cada uno de los que miraron pasivos o creyeron que podían pasar el puente de la intolerancia, se ven con la amenaza de cárcel como la única opción de vida, comienzan a reclamar por la oposición, como si esta por sí sola fuera la respuesta que necesitamos.

¿Acaso los militares no encarcelaban a los que consideraban sus enemigos y nos los hicieron desaparecer? ¿Había tolerancia política con ellos?

Quienes luchamos por rescatar la democracia sabemos de esa manera de “hacer política” ¿cómo es que ahora se pretende pedir oposición, cuando lo que debemos rescatar nuevamente es la democracia de las garras totalitarias del sindicalismo corporativo?

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de napuco Publicado en 1