DE OCTUBRE A OCTUBRE


DANTE N. PINO ARCHONDO
El 17 de octubre de 2003 caía un gobierno democráticamente elegido, factores internos y externos, como siempre en estos casos, conjugaron sus fines y procedieron a romper la continuidad democrática boliviana que se había mantenido por 20 años, desde aquel 1982. Por eso es importante diferenciar la democracia antes de octubre de 2003 y después. Este hito marca una clara diferencia en el fondo y forma de entender lo democrático.
Antes de octubre de 2003, recuperar no sólo la institucionalidad democrática y la educación social en la recuperación de sus derechos así como el redimensionamientos de los partidos políticos, tuvo como eje central la urgencia de buscar políticas económicas, sociales y jurídicas, que lograran pasar de la simple administración gubernamental a convertirse en políticas de Estado. No fue fácil como nunca lo son procesos que buscan el camino de la revolución con orden. Para ello liderazgos como el de Gonzalo Sánchez de Lozada, Hugo Banzer y Jaime Paz, tuvieron que resolver si seguían en el camino de la confrontación o acababan con él e iniciaban la ruta del pacto y la alianza, lo que se hizo. Otros como Max Fernández y Carlos Palenque que sirvieron de colchones sociales para acompañar el proceso sin caer en radicalismos, optaron por las alianzas políticas, y Manfred Reyes Villa que no por ingenuidad, sino por necesidad, se vio obligado a darle apoyo y sostén al segundo gobierno de Sánchez de Lozada, pagando un elevado precio por ello, fue el último esfuerzo para evitar la involución.
Es cierto que las expectativas sociales del proceso de la capitalización generaron demasiada impaciencia y está claro que sin proponerse Gonzalo Sánchez de Lozada, creo los gérmenes de lo que luego sería una enorme factura que le cobraría la sociedad. Los 500 mil empleos, o esas acciones estatales de las que eran dueños los bolivianos, la promesa de mejorar la educación y la salud, de crear infraestructura productiva, todo ello requería de una continuidad que supiera superar coyunturas en las cuales se tienen ascensos y caídas pero lamentablemente, una vez más no se pudo.
El esfuerzo nacional de veinte años, se destrozado en ocho años continuos de decisiones equivocadas erráticas, frenando no solo la inserción competitiva de Bolivia en los mercados internacionales, sino una fractura social de la cual será muy penoso recuperarse.
186 años de vida republicana, son años de lucha permanente para construir un Estado Nacional, que hay que reconocer no se ha logrado. Este tiempo de reclamos confundidos, de recuperación de lo formal y desperdicio de lo esencial, de inclusiones sin inclusión y de visiones sesgadas e infantiles con disfraz de sociología del cambio, nos tienen aprisionados y nos ha hecho perder el sentido de la objetividad.
En ese octubre de 2003 se destrozó todo un esfuerzo para fortalecer la Nación, en este octubre del 2011 se dará el paso final para transitar del orden democrático institucional al Estado Único, donde reina el pensamiento único, donde la verdad es única y donde la tolerancia es cero y las decisiones son del Uno.
Pero no es todo. Este Estado Único no es de los bolivianos, aunque muestre sus formas indígenas y pluriculturales, es de ajenos, es de extraños, es de los laboratorios de experimentación social europeos que fomentan la destrucción del Estado Nacional, para encontrar supuestos Estados donde lo plural se convierte en Unicidad autoritaria. Y paradoja del destino, esa destrucción lo único que ha fortalecido es la actividad delincuencial del narcotráfico, que alimenta con su droga a la sociedad europea. Es como si la mano de la justicia obligara a los europeos a recibir el pago de sus acciones.

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