DE IGUAL A IGUAL


DANTE N. PINO ARCHONDO
Normalizar las relaciones entre Estados y restablecerlas son dos cosas distintas; si las relaciones deben volver a la “normalidad”, es diferente a volver a tenerlas. Entre los Estados Unidos de Norteamérica y Bolivia, pasaron algunos acontecimientos de carácter diplomático que fracturaron la normalidad que se tenía, la expulsión del Embajador norteamericano acusado de conspirar contra un gobierno democrático fue una acusación muy seria y la suspensión de las actividades de la DEA en territorio nacional fue otra medida que tuvo como respuesta, la expulsión del embajador boliviano y la eliminación de las preferencias arancelarias otorgadas por la ATPDEA.
Fueron estos hechos concretos los que pusieron a las relaciones diplomáticas fuera del marco de la normalidad. Todo fue aderezado con declaraciones subidas de tono y de muy mal gusto emitidas por el Presidente Morales, en un afán por mostrarse anti imperialista y usar para ello calificativos antes que medidas concretas de contenido económico, político y social.
Por eso resulta gracioso leer la entrevista al Canciller Choquehuanca que trata de mostrar el acuerdo firmado como un logro del gobierno que hubiera incluido elementos “importantes” que ahora diferencian a las relaciones que hasta antes de este acuerdo se tenían.
Habla de la introducción del concepto “respeto mutuo”, como si las relaciones entre Estados, incluidas la de una pareja, no fueran consubstanciales a ello. Resulta hasta curioso, tener que explicitar aquello, que en el fondo es un reconocimiento al hecho de que ambos Estados no se trataron con respeto, y si esto es así, ¿cuáles fueron esos actos o hechos irrespetuosos?
En realidad lo que se está diciendo es que Bolivia no trató con el debido respeto a los Estados Unidos al expulsar a su Embajador con una acusación no probada, y ellos tuvieron que actuar con reciprocidad. Otro elemento es el de la DEA, suspendida por haber puesto al descubierto las relaciones con el narcotráfico de dirigentes del MAS en el Chapare. Es decir, en ambos sucesos fue el gobierno boliviano el que actuó fuera del marco del respeto que las relaciones diplomáticas exigen y establecen. Estados Unidos se vio obligado a responder con la expulsión del embajador boliviano y la suspensión de las preferencias arancelarias otorgadas por otro acuerdo denominado ATPDEA.
Si a partir de estas realidades objetivas analizamos el contexto del acuerdo, como los temas relacionados con el narcotráfico, debemos afirmar que son de interés boliviano, antes que norteamericano. Las pruebas son: el propio reconocimiento del gobierno de haber sido rebasado en su capacidad de control al narcotráfico, los pedidos del Presidente Morales a sus bases en el Chapare para que respeten el cato de coca, las declaraciones de organismos financieros internacionales que han llamado la atención sobre la expansión de los cultivos de la hoja de coca, y la preocupación expuesta por el Brasil sobre el crecimiento de la droga y sus nexos delincuenciales. Es decir este es un asunto que tiende a sobreponerse a un Estado débil e inconsistente como es el boliviano.
Por ello la frase de que desde ahora se trataran las cosas de igual a igual, no pasa de ser otro agregado ciertamente curioso. ¿De igual a igual en qué?, en tecnología, en producción de bienes y servicios, en educación, en conocimiento, en capital, ¿en qué?, si algo tenemos que aprender es a convivir con la relaciones de dependencia que nos impone la realidad. Y una manera de hacerlo es por ejemplo el acuerdo ATPDEA, pero para que ello sea posible las condiciones relacionadas con la producción de la hoja de coca deben cambiar. Entonces, de igual a igual ¿cómo?
Eso de la responsabilidad compartida, obliga más al gobierno de la coca, que al gobierno del consumo. Evo Morales no tiene mucho tiempo para recuperar el control, si es que no lo ha perdido ya, del narcotráfico. Y eso sumado al descontrol de la economía, lo ponen en una situación límite. Caída de las exportaciones en volumen, importaciones de alimentos como nunca se tuvo antes, contrabando legalizado por el propio gobierno (autos robados) y una enorme debilidad para controlar sus bases predispuestas a seguir generando coca para el narcotráfico sin importarle las consecuencias.
Que Bolivia le exija a los Estados Unidos a que reduzca el consumo de droga, es una bonita manera de creer que se es igual, la pregunta es cómo lograría que eso se produzca. Bolivia, le suspendería la ayuda a los norteamericanos, ¿o les amenazaríamos con producir más coca en castigo?
Este contexto es el que hace ininteligible eso de que la DEA no vuelve.
En resumen este acuerdo que normaliza lo anormal, no pasa de ser un acuerdo de condescendencias que muestren a un imperio comprensivo con las limitaciones de un gobierno sin ideas y predispuesto a colaborar si es que estos antiimperialistas de juguete se avienen a trabajar en serio con el tema de la coca. Es decir, está claro quienes ganaron con el acuerdo.

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de napuco Publicado en 1