LA CALMA DEL GRITO



DANTE NAPOLEON PINO ARCHONDO
Si el silencio lo fuera todo, aun así no habría calma. Si el grito cundiera la calma se convertiría en movimiento. La noche se acabaría, pero quizás nunca tendríamos sol. Es que nos han quitado las ganas, nos han limado la voluntad. Eso es lo que duele. Duele más que tener la boca cocida, porque puedes gritar, pero de nada te sirve. El grito ya no es grito.
Y con esa anestesia de saber que nada podemos hacer pasa el tiempo, sin tiempo. En el recorrido del pasado encontramos comparaciones y queremos hacer de ellas el nuevo tiempo. Tantas manos escribiendo con tanta rabia, desgranando frases cargadas de impotencia, clamando por lo que pocos piden, hablando en nombre de los que no son.
La denuncia del grito que ya no es grito. Es apenas una queja. Sirve y no tiene valor. Vale y no tiene utilidad. Y siendo útil no es más que un deseo antes que una necesidad.
¿Dónde está el coraje? ¿A dónde se fueron esos hombres que sin medir su miedo, que sin irrespetar el silencio sabían gritar y trocar la rabia por la rebeldía?
¿Por qué se fueron? Dura lección para los que se quedaron. Ahora saben que no es suficiente estar, que es más importante luchar. ¿Se cansaron de predicar el cambio con orden y el orden con cambio? ¿Tenían que hacer falta para que muchos sepan que son necesarios?
Duele la Patria como un látigo en el alma. Si nos dicen que el futuro se nos escapa. Si nos advierten que nos alejamos de la vida digna que merecemos. Si nos informan que otros ahora están mejor y que nosotros seguimos escupiendo sangre, alabando el robo de nuestro futuro.
Se han apoderado de todo. Somos de ellos sin saberlo, sin quererlo, sin consentirlo. Nos han mezclado y metido en laberintos. No tenemos salidas, habiendo tantas. La confusión nos rodea, por eso el grito se pierde y la violencia se esparce.
La voluntad es el motor de la fuerza. Un poco de voluntades reunidas, pueden hacer girar la rueda que tritura ahora sin piedad. Para que nazca el sol tiene que haber la oscuridad de la noche.

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SIN CAMBIO NO HAY REVOLUCIÓN



A finales de los años setenta, se desataron las pasiones políticas. La época de las dictaduras militares, que se sostuvieron gracias a un incremento del precio del petróleo, luego de la guerra del Levante, había declinado y la abundancia de recursos financieros, crédito externo fundamentalmente, se acabaron. Los acreedores exigieron los pagos acordados, se usaron los depósitos a plazo que tenía el banco Centra de Bolivia, y que formaban parte de las Reservas Internacionales, tapando un hueco para abrir otro.
Este hecho nos enseña que cuando el gasto dispendioso ya no puede sostenerse, porque estuvo originado en ingresos variables, junto con la crisis económica llega la crisis política.
Y así fue cómo la dictadura tuvo que ceder al requerimiento de una amnistía política irrestricta. Lo hizo de mala gana, como lo hacen los que se acostumbran a detentar el Poder. Siete años duró esa época de gasto y fiesta, que un socialista de nombre Marcelo denominó “el derroche militar – empresarial”.
Las cosas duran tanto como el potencial con el que comenzaron. La aceleración del proceso dura tanto como la fuerza que lo origina. La clave del éxito está en saber usar esa fuerza inicial para lograr un proceso de aceleración permanente. Si esto no sucede el proceso se ira deteniendo paulatinamente.
Esto es lo que algunos analistas demandan ahora. Nos dicen que todo este encendido tiempo de precios altos para las materias primas, debería convertirse en fuerzas que impulsen la economía de manera sostenida y que quienes no lo hagan, pagaran las consecuencias de su falta de previsión. Le llaman la primarización de los recursos. Es decir, vender materias primas y usar esos ingresos en el gasto improductivo, es una manera de continuar con la política económica de siempre, cuyos resultados ya conocemos.
El consejo viene a tiempo o quizás a destiempo. Han pasado seis años, desde que el mundo observa un crecimiento de la demanda de materias primas cuyo motor es la China. Y la economía nacional no pudo sentar las bases de un proceso que se sostenga por sí mismo.
Este resultado, nos dice que los ingresos calculados por IBCE en 35.000 mil millones de dólares provenientes de nuestras exportaciones, de 2005 al 2011, se han usado en el gasto improductivo, consecuentemente, ese gasto que se ha ido en bonos, en compras e incremento de la burocracia y además en pagos de las importaciones, han determinado que la economía nacional estructuralmente no haya cambiado. Bolivia Plurinacional es igual a la Bolivia republicana.
Si entonces no hubo cambio real, ¿que hemos vivido durante este tiempo? Los sueños, sueños son y las quimeras se desvanecen. Es mucho tiempo para esperar otros seis años para que aprendan lo que hasta ahora no han querido estudiar y conocer.
Recomenzar no es posible si no hay un cambio fundamental. Y reconstruir no será la tarea de los que destruyeron. Lo cierto es que cualquier camino, nos ha de costar tiempo, en un tiempo donde el pez rápido se come al pez lento.

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