LA CALMA DEL GRITO


DANTE NAPOLEON PINO ARCHONDO
Si el silencio lo fuera todo, aun así no habría calma. Si el grito cundiera la calma se convertiría en movimiento. La noche se acabaría, pero quizás nunca tendríamos sol. Es que nos han quitado las ganas, nos han limado la voluntad. Eso es lo que duele. Duele más que tener la boca cocida, porque puedes gritar, pero de nada te sirve. El grito ya no es grito.
Y con esa anestesia de saber que nada podemos hacer pasa el tiempo, sin tiempo. En el recorrido del pasado encontramos comparaciones y queremos hacer de ellas el nuevo tiempo. Tantas manos escribiendo con tanta rabia, desgranando frases cargadas de impotencia, clamando por lo que pocos piden, hablando en nombre de los que no son.
La denuncia del grito que ya no es grito. Es apenas una queja. Sirve y no tiene valor. Vale y no tiene utilidad. Y siendo útil no es más que un deseo antes que una necesidad.
¿Dónde está el coraje? ¿A dónde se fueron esos hombres que sin medir su miedo, que sin irrespetar el silencio sabían gritar y trocar la rabia por la rebeldía?
¿Por qué se fueron? Dura lección para los que se quedaron. Ahora saben que no es suficiente estar, que es más importante luchar. ¿Se cansaron de predicar el cambio con orden y el orden con cambio? ¿Tenían que hacer falta para que muchos sepan que son necesarios?
Duele la Patria como un látigo en el alma. Si nos dicen que el futuro se nos escapa. Si nos advierten que nos alejamos de la vida digna que merecemos. Si nos informan que otros ahora están mejor y que nosotros seguimos escupiendo sangre, alabando el robo de nuestro futuro.
Se han apoderado de todo. Somos de ellos sin saberlo, sin quererlo, sin consentirlo. Nos han mezclado y metido en laberintos. No tenemos salidas, habiendo tantas. La confusión nos rodea, por eso el grito se pierde y la violencia se esparce.
La voluntad es el motor de la fuerza. Un poco de voluntades reunidas, pueden hacer girar la rueda que tritura ahora sin piedad. Para que nazca el sol tiene que haber la oscuridad de la noche.

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