LOS DESTEÑIDOS DEL M.A.S



DANTE N. PINO ARCHONDO
Ahora resulta que son prejuicios neo liberales aquello de alertar al gobierno de que no siga derrochando a diestra y siniestra.
Como si en estos años de “cambios profundos” no hubieran dado muestra sobreabundante de su ineficiencia e ineficacia para administrar la cosa pública. Tan fuerte e impactante ha sido el proceso de cambio masista que Bolivia se encuentra en el mismo ranking de pobreza, atraso y miseria, con tendencia a superar los índices que los gobiernos neo liberales dejaron.
El señor Presidente del Banco Central de Bolivia, parece que no quiere ver ni comprender el gasto del gobierno en empresas deficitarias y absurdamente concebidas, con el único fin de incrementar el empleo estatal. Y ni siquiera YPFB que se dice tiene utilidades, puede, hasta hora, dar el salto a la industrialización, que fue el pretexto para dizque “nacionalizar” y cuyos resultados ha sido la ausencia de inversiones, la disminución de la producción y el abandono de la empresa en manos de ineptos.
Si YPFB camina mal, y eso teniendo recursos abundantes, ya podemos inferir como están las otras empresas fruto del delirio grandilocuente de socialistas trasnochados. La Fundación Milenio nos ahorra espacio para hablar del derroche cocalero – empresarial. Ya expuso con cifras los resultados, y en vez de agradecerle por el diagnóstico le amenazan con juicios. Lo cierto es que este Estado Plurinacional no camina y cuando más esfuerzo hace para andar, peores son los costos de ese esfuerzo para el pueblo boliviano.
Por eso pedir el manejo de más de dos mil millones de dólares de las reservas internacionales para festivales de Revoluciones Industriales que solo existen en la mente afiebrada de su Excelencia, es meterle mano a la lata hasta el fondo, disfrazándolo con la dudosa legalidad de un Congreso levanta – manos y piensa – poco.
Estamos ante el aviso antelado del mayor daño económico al país que se hará desde su fundación. Y por supuesto este intento, por ahora, de usar el dinero del pueblo en festines partidarios no debe ni puede ser permitido.
Solo a lacayos bien pagados como el Presidente el Banco Central de Bolivia se les puede ocurrir poner a las Reservas Internacionales de Bolivia, como dineros que pueden arriesgarse en inversiones que no tienen, ni siquiera un simple papel de pre factibilidad, que no cuentan con estudios serios y no es necesario abundar en esto, que para muestra basta un botón: el proyecto de litio y del mutún, concebidos al estilo del MAS, que le “mete nomás”.
Hay que apelar a todas las organizaciones sociales del país, para movilizarlas y parar en seco este atentado a los más altos intereses del pueblo boliviano.

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RELAJAR LA NORMA



DANTE N. PINO ARCHONDO
Cuenta la historia que el hombre tuvo que escoger entre la vida en el paraíso o conocer la verdad y decidió probar del fruto del árbol que enseñaba el bien y el mal. Tuvo que decidir.
Desde entonces nadie puede tener todo lo que desea. Si quieres algo tienes que sacrificar otra cosa, a eso te obliga la eficiencia. La administración que no actúa con eficiencia es una mala administración y sus resultados serán igual.
Se debe elegir en que se gastaran los ingresos que se tienen. Cuanto más gastes en una cosa menos posibilidades tendrás de hacerlo con otra. Y si decides gastar en subvenciones, bonos, viajes, aviones, satélites y cuanta idea se te cruce por la cabeza, te verás obligado a gastar en menos hospitales, escuelas, caminos y energía.
Para que administrar no sea una improvisación diaria, se elaboran los presupuestos. Y estos son simples proyecciones de los ingresos que esperas tener y de los gastos que puedes hacer. Lo racional es no gastar más de lo que se tiene como ingreso. Estirar los pies hasta donde alcanza la sábana, aconsejaba la sabia abuela.
Un presupuesto en sí mismo solo es un instrumento que hace el papel de guía, de orientación, se presupuestan ingresos estableciendo ciertos presupuestos, por ejemplo que el precio del gas suba en el mercado, y el de los minerales lo haga igual, fundado en esas premisas que puedes controlar o no, se proyectan los ingresos, que son los impuestos que se recibirán por esas ventas (exportaciones). El gasto tiene otra forma de concepción, se define en función a las necesidades que tiene la sociedad. Educación, Salud, infraestructura productiva, defensa, seguridad ciudadana etc.
Todo esto tiene que ver con preceptos básicos que definen el orden de una administración. En el caso de un gobierno, además de tener un presupuesto, este se encuentra refrendado por normas legales que dicen cómo se aplica y que sanciones se establecen en caso de transgredirlas. Es la ley, que trata de evitar el uso indiscriminado de los recursos y de poner límites a la tentación de gastar como se le ocurra al administrador temporal que se elige para tal menester.
Los gobiernos denominados ahora, neoliberales, fueron es este sentido cuidadosos y celosos de poner candados que eviten los gastos dispendiosos, los gastos superfluos o los gastos que no estén programados. Poner orden en el gasto fiscal, ha demandado mucho esfuerzo y la administración ha sufrido sacudones muy fuertes, fruto de la prepotencia con la que actuaron muchos administradores. Si hubo alguna vez razón para crear la ley SAFCO fue por el abuso tremendo que se hacía de los recursos escasos que tiene el Fisco. Los ejemplos fueron patéticos, se dieron conocer gastos increíbles sin correspondencia con el objeto que se tenía. Y se buscó ordenar el sector público, por eso se dieron las pautas que se deben seguir en las licitaciones. Antes de ello, se asignaban proyectos a amigos, compadres y familiares sin tener que cuidarse mucho.
La norma se hace para ordenar no para evitar. Y esto, tienen que entender quienes asumen la enorme responsabilidad de administrar la cosa pública. No se puede evitar tener que elegir entre el gasto con orden o el gasto en desorden. Es un asunto que está más allá del voluntarismo.
Ahora bien, el gasto desordenado que se aplica por el capricho, lleva inevitablemente al camino de la corrupción y por tanto del delito.
Un administrador consciente de los riesgos que conlleva el flexibilizar la norma o el relativizar los controles, nunca ira en la dirección que no sea aquella de evitar por todos los medios que los ingresos de todos los bolivianos se malgasten.

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