EL DIA DE LA REFLEXION NO DE LA DERROTA


DANTE N. PINO ARCHONDO
El 23 de marzo, debía ser una fecha de reflexión. Porque los sucesos que acaecieron en 1879, fueron el producto simple del territorio olvidado, del territorio sin conexión con el centralismo del altiplano, el territorio de los desheredados, que hasta ahora sostenemos en las extensas tierras del chaco, del Beni, de Pando, del norte de Potosí, donde el Estado no tiene cuerpo.
Se perdió el litoral porque lo descuidamos y porque dejamos que la ambición se hiciera cargo de lo que nosotros teníamos que cuidar. Así que el reclamo al mundo por una guerra injusta y por un Tratado firmado con la pistola en la nuca, debe comprender también la autocrítica, que no sabemos practicar.
En esto quiero hacer una reflexión producto de mi estadía en estas tierras del bajo Perú. La óptica peruana respecto a la Guerra del Pacífico, en su relación con Bolivia, se mira y se enseña como un hecho en el cual el Perú no tenía nada que hacer y que fue envuelto en un Tratado que lo único que le ocasionó fue la invasión chilena.
Este capítulo de la guerra, es el que no se enseña en Bolivia, es el que se pasa por alto. Y esta omisión ocasiona que entre Bolivia y el Perú se sostenga un resentimiento no expresado en ambos lados, de mutuas acusaciones por haber perdido territorios. Situación que al único que le favorece es a Chile, país desde el cual se ha desarrollado una política destinada a separar a Bolivia del Perú, de manera permanente.
Es que Chile sabe que el día que Bolivia se vuelva a encontrar con el Perú en esa Confederación que pudo haber sido y no fue, su posición geopolítica, quedaría disminuida y la razón de los desencuentros, radica en ese interés.
Tenemos el puerto de Ilo y todas las facilidades para poseer un enclave marítimo, pero no lo usamos y solo sirve para encuentros presidenciales que ratifican lo que parece ocioso, podemos viajar a Lima para gozar de sus playas, pero vamos a Arica, deberíamos tener tarifas áreas asequibles para los vuelos La Paz – Lima, Cochabamba – Lima y Santa Cruz – Lima pero esas tarifas manejadas por una línea aérea chilena cuestan más caras que ir a Miami.
Podríamos intercambiar gustos gastronómicos, podríamos tener campeonatos de futbol conjuntos, podríamos convertir al Lago Titicaca en un polo de atracción turística, podríamos volver a ser un solo país, porque nada nos separa y todo nos une.
Pero ahí está la insidia chilena y los apetitos de gobernantes que se dejan embaucar como adolecentes, a los que les ofrecen el mar en el bolsillo, o los trece puntos que nunca acaban o los ofrecimientos de negociar bilateralmente para nunca acabar o al final las amenazas de no negociar nada si persistimos en recordar el mundo que nos despojaron sin razón y por la fuerza.
Un día de reflexión al año de lo que somos, de lo que hacemos y de lo que deberíamos corregir, el 23 de marzo no debería ser el día que se recuerda la derrota, sino el día en el que se debe jurar que nunca más dejaremos a nuestra tierra sin la presencia del Estado y esto quiere decir tener un país integrado, desde Cobija hasta Tarija.

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de napuco Publicado en 1