¿QUE FUTURO ESTAMOS CONSTRUYENDO?

Somos lo que nos empecinamos en ser. Y tal parece que todos los errores que se cometieron en el pasado, se repiten, pero con la característica de que se hacen con ropaje nuevo. Ya en la década de los setenta, alimentados por una serie de intelectuales de izquierda que nos aseguraban la felicidad eterna, si llegaban al Poder, instrumento con el cual iban de decidir que producir, cómo producir y para quien producir, fuimos de extremo a extremo, como péndulo de reloj.

Unos creían que si el Estado fijaba el precio de todo y producía todo, al pueblo eso le significaba recibir todo sin ningún esfuerzo. Se pensaba que el Estado era un supremo hacedor y que tenía un don: el de hacer desaparecer la pobreza y lograr que todos vivieran en las más grandes comodidades, de esta manera los que ahora tenían más iban a tener menos y los que ahora tienen menos iban a tener más.

Con esa lógica de la comodidad que refleja al socialismo, el único trabajo que se tiene es el de quitarles a los que producen sus medios de producción y entregarles en bandeja de plata el capital confiscado, las herramientas de trabajo y el hasta la cuentas bancarias a los nuevos dueños del Poder, es decir los dirigentes sindicales.

Por eso escuchar a ciertos dirigentes mineros expresar que entre mineros asalariados y cooperativistas, se están peleando por nada, por migajas, cuando la verdadera riqueza está en manos de las transnacionales y que por tanto en vez de disputar las migas hay que agarrar todo el pan, envía un mensaje clarísimo al Gobierno y a los mineros sobre la tarea que el socialismo tiene que hacer.

Esta mentalidad estatalista, tiene a la juventud atrapada en el conformismo y en la credulidad de que la iniciativa privada, el emprendedorismo, la innovación no sirven para nada. No hay que ser empresario, pues eso te convierte en explotador, en imperialista. Hay que ser activista, hay que ser bullanguero, irresponsable, bloqueador de caminos, dinamitero y estar a la cabeza del sindicato, eso es todo, lo demás viene por añadidura.

Que diferencia entre esa manera de pensar y la que expresan las nuevas generaciones en el Perú. Jóvenes que son hijos de los migrantes de las regiones hacía Lima y que han creado riqueza a fuerza de tesón y de trabajo, comercio, talleres, industrias, servicios. Uno de ellos se llama Cesar Acuña Peralta, natural de Ayaque un pueblito olvidado en el distrito de Tacabamba, de padres campesinos, estudió, y a base de esfuerzo propio obtuvo el título de Ingeniero, crea la academia pre universitaria de ingeniería y termina consolidando una corporación que hoy día controla en Pirua, Chiclayo, Chimbote, Tarapoto y Lima la Universidad Cesar Vallejo, con más de 100.000 universitarios que tienen como objetivo crear su propio negocio, o engrandecer el que están manejando sus padres.

Nadie en esta universidad piensa en el Estado como empleador, todos aspiran a tener su propia empresa y estudian para ser competitivos. Este cambio de mentalidad es el que viene colocando al Perú en la dinámica del progreso. Y por supuesto una manera de pensar diametralmente opuesta a todas aquellas generaciones del pasado.

Mientras Cesar Acuña, invierte en educación y crea las condiciones del cambio social a mediano y largo plazo, demostrando que se puede hacer política sana y eficiente, en Bolivia los Gustavo Torrico denominados Satucos, se dedican a predicar el vandalismo entre la juventud alteña, y hasta ahora esa universidad no tiene un solo ejemplo de profesional exitoso, pero si cuenta con muchos activistas promotores de bloqueos y destrozos a la propiedad privada.

Tenemos por un lado a dirigentes sindicales que lanzan consignas para apropiarse de la propiedad privada como forma de contentar a sus bases y a universitarios alteños que piensan en ser empleados del Estado como su máxima aspiración profesional.

¿Qué futuro estamos construyendo?

 

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de napuco Publicado en 1