CIFRAS NO SON RESULTADOS


DANTE NAPOLEON PINO ARCHONDO

 

Para evaluar una gestión, con objetividad, hay que tener en cuenta los objetivos que se trazaron, ya sea en el corto, mediano o largo plazo. Es en función a ellos, que se califica. Y esto vale para cualquier tipo de gestión administrativa, entre ellas, la del gobierno.

 

Cuando el  señor Evo Morales juró hace siete años al cargo de Presidente de la República, trazó los grandes objetivos de su gobierno y son estos los que deben servir para evaluar sus resultados y calificarlos. Dijo que sería un gobierno que no “tendría muertos” refiriéndose al uso de la violencia estatal. Señaló que se transformaría la economía de primaria exportadora en industrial exportadora, y que una nueva constitución terminaría con la vieja república para dar curso a un nuevo Estado.

 

En materia social relacionada con la protesta y el desacuerdo, no sólo que se han producido muertes y violencia por las mismas razones que antes originaban esas muertes: lucha sindical, reivindicaciones regionales, oposición política y defensa del territorio. Así que en esto el resultado es de una total ineficacia, no se cumplió el objetivo y por el contrario a la violencia mortal hay que añadirle la persecución judicial y el exilio que no se tenía desde la recuperación democrática.

 

En materia económica, el objetivo nacional de la industrialización como meta de la transformación económica, es otro gran fracaso. No sólo continuamos siendo un país exportador de materias primas, sino que esta dependencia se ha agravado, si tenemos en cuenta que fuera del gas y de los minerales no hay un crecimiento en volumen de las exportaciones no tradicionales y se han perdido mercados por efecto de la política aislacionista aplicada.

 

Si comparamos cifras, entre el año 2005 y 2011, el producto interno ha crecido, el superávit comercial y fiscal  así como  las reservas internacionales también, las captaciones bancarias se han multiplicado junto con el crédito,  el gasto del gobierno se ha expandido y todo esto puede llevarnos al convencimiento de que gracias al gobierno la economía se encuentra en su mejor momento. Esto es verdad si la medimos la  cifra con cifra. Pero si estos resultados se cotejan con los objetivos propuestos, la evaluación nos dice que el modelo neoliberal del libre mercado prevalece, en el comercio exterior, en las transacciones internas, en la política financiera, en la política fiscal y lo peor en la concentración de la riqueza.

 

A todo lo cual debemos añadir que no es el origen de esta bonanza económica el resultado de la política económica aplicada sino de externalidades presentadas en la creciente demanda mundial de materias primas. Lo que determina que la dependencia económica es la misma y que las relaciones de intercambio materia-prima – manufactura siguen igual. La paradoja es que lo que se muestra como éxito político, tiene su base en el neoliberalismo aplicado y se sostiene gracias a él.

 

Por ultimo la conversión social buscada por intermedio de un a nueva constitución, ha resultado un fiasco digno de relievar. Bolivia, está hoy dividida antes que cohesionada, la exclusión social se sostiene en los mismos niveles de siempre, el olvido de las comunidades indígenas no ha variado y el Estado no ha llegado a ellas, la educación continúa siendo un privilegio, la atención a la salud se ha quedado en los límites dejados por el Seguro Universal Materno Infantil y los innumerables viajes del Presidente solo han dado como resultado el asambleismo político y la proliferación de canchas de futbol.

 

Carencia de agua potable, alcantarillas, fluido eléctrico, gas domiciliario, interconexión de centros de producción con centros de consumo, es la fotografía que podemos obtener de estos siete años de gobierno. El balance es negativo, a pesar de que las cifras macroeconómicas muestran signos positivos.

 

Esto nos lleva a la afirmación de que el gobierno se sostiene gracias el encubrimiento. Por una parte de cierto sector empresarial que se beneficia de la ineficiencia del gobierno que le compra con sobre – precios y le fomenta el contrabando y la evasión tributaria, tarea que facilita el sector financiero lubricando ingresos y gastos sospechosos de tener origen delincuencial, de dirigentes sindicales corruptos que hacen de su situación una forma de vida, del narcotráfico que le provee de dinero con el cual se vienen haciendo inversiones en la construcción, en las importaciones de bienes relacionados con la producción, materias primas e insumos para su elaboración, que tiene la complicidad de sectores del  gobierno, de la policía y de las mismas Fuerzas Armadas.

 

Todo parece ser una enorme fachada de bonanza que oculta la basura que se viene acumulando detrás de bastidores. Así que no debemos prestarnos al canto de alabanzas de aquellos que ¡miran cifras y nada más!.

 

 

 

 

 

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FIESTA SIESTA Y CERVEZA


DANTE N. PINO ARCHONDO

Es cierto que una cosa es estar dentro y otra fuera. La perspectiva puede ser diferente. Por eso hay que procurar ser objetivo. Para mirar el proceso boliviano, hay que estar en distintos pisos: el económico, el social, el institucional y el político, porque todos ellos no van al mismo ritmo ni tienen los mismos objetivos. El nuevo Estado denominado Plurinacional esta jalado por disparejas carretas, con conductores que van por su lado y caballos de fuerza opuestos. Así mientras la economía camina con las rieles del capitalismo, las instituciones van por el sendero del estatismo, la sociedad se paraliza con ideas superadas por la historia y lo político está en la caza de la supervivencia indefinida sin objetivos concretos.

La economía, uno de los pilares sobre los cuales existe más carga ideológica que científica, se maneja con el mismo avión del neoliberalismo. Nunca tuvimos una economía absolutamente liberal. El Estado del 52 siempre estuvo presente. Y no tenemos ahora una economía socialista ni siquiera tenemos un capitalismo de Estado. En el afán desordenado de destruir y aniquilar la economía neoliberal el MAS se ha dedicado a golpear con palo a la coraza de fierro, le hace abolladuras, eso es todo y cada vez que logran algo gritan entusiasmados.

La inversión es un cuento de nunca acabar. Se requiere inversión hidrocarburífera con urgencia y no se tienen respuestas, pero se siguen pagando costos recuperables a las petroleras por su presencia y administración de las plantas, ausencia de recursos humanos dispuestos a gestionar YPFB  y presencia absoluta de políticos que no tienen la menor idea de lo que es este negocio. Resultado: menor producción de gas, seguimos vendiéndolo como materia prima, no podemos hasta ahora tener las plantas separadoras de líquidos, ningún proceso de industrialización, es decir, todo como antes.

El Presupuesto General de la República tiene la misma conformación de siempre, con cifras y porcentajes diferentes. Se destinan más recursos a la represión (Fuerzas Armadas, Policía y Gobierno) que a la educación, se agranda el gasto en sueldos y salarios (empleomanía estatal) y se compra mucho (corrupción) mientras que las asignaciones para consolidar la infraestructura productiva, mejorar la salud y la educación siguen siendo la cola del furgón, no importa que la presentación del Presupuesto esté debidamente maquillada.

Todo esto nos lleva a una realidad: para el gobierno el neoliberalismo es cuestión del pasado, pero ellos viven del pasado.

A corto plazo, la economía está bien, los ingresos del narcotráfico y del contrabando lubrican las actividades del comercio y servicios, el gasto del gobierno es monopsomico, un solo comprador y muchos vendedores, que aplauden lo que hace con tal de tener contratos. Se ha denunciado que hay empresas que ganan estos contratos con montos ochocientas veces superiores a su patrimonio y le venden al gobierno inodoros de oro. Así: ¿cómo no hacer de la vista gorda todo lo que pasa en el contexto?

A mediano plazo la cosa es distinta, las subvenciones comienzan a pesar, la desesperación por acercarse al maldito capitalismo es mayor, se emiten bonos de deuda para pagar la cuota de ingreso, se dispara el gasto asistencialista en bonos y la cobertura para atenderlos se debilita, los fondos de pensiones comienzan a mostrar menos rentabilidad, y si las exportaciones de gas disminuyen o el precio de las materias primas: minería y gas, bajan, la situación daría un vuelco enorme.

Este panorama parece encontrarse con las elecciones donde la reelección es inevitable, de ahí los anuncios sobre la subvenciones a la gasolina, diesel y gas licuado. Quieren preparar el escenario  nacional para tener el sí a la eliminación gradual de las subvenciones, y financiar el gasto de esa manera, a costa de volver a postergar la inversión. Total el MAS ha vivido seis años del dinero fácil y quiere prolongar su estadía manteniendo más o menos el mismo panorama.

Bolivia está viviendo los tiempos europeos de Estado de bienestar, todo es derroche para la fiesta y la buena siesta. Nadie en estos momentos está dispuesto a escuchar la voces de advertencia que se hacen, pues la fiesta tiene mucha ruido, mucha cerveza y comida.

 

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