¿QUE ES LA HISTORIA SINO UN CUENTO?


cerro rico

Entre suspiros y recuerdos se va la plata. Y de ellos tenemos mucha tela para cortar, desde mucho antes de que los españoles pisaran américa, Huayna Capac allá por el 1462, cuenta Garcilaso de la Vega, miro el cerro y lo llamo Sumac Orcko, ese cerro le dio a España todo lo que ella buscó con la conquista y les dio a otros todo aquello que quisieron hasta la saciedad. La minería ha sido y será la fuente desde donde se crean riquezas permanentemente.
Alrededor de la minería se ha tejido muchas historias y se ha llevado a cabo – en su nombre – todo lo que la ambición puede hacer. El mineral hizo Presidentes, que en la defensa de sus intereses no dudaron en ceder la costa a cambio de un ferrocarril y también llevó al Poder a otros que en nombre del rescate de las minas para el pueblo, nacionalizaron y echaron a caminar el cuento de la liberalización económica.
Todos tuvieron sus razones, en nombre del progreso y de la patria. En este laberinto de cosas en las que se mueve la política, hace poco tuve un coloquio virtual con un amigo, que hablando de la economía y la realidad nacional, nos llevó al tema de la revolución de abril de 1952 y en eso, se deslizó algo que no me imaginé nunca, porque de todo lo que leí acerca de la famosa nacionalización de las minas, en ningún momento se puso en duda que ese hecho no hubiera brotado del sentimiento nacional, como una conquista ineludible para cambiar el estado del Estado, junto con toda una bibliografía que desmenuza las causas por las cuales Víctor Paz Estensoro decidió nacionalizarlas.
Si hubo un hombre con la visión para los negocios ese era Simón Patiño y si los bolivianos en promedio no saben mucho de él, como no sea que fue un magnate minero, al que el MNR le quitó sus minas, no es para sorprenderse, si tenemos en cuenta que la revolución lo estigmatizó cuando y cómo pudo. Pero por más esfuerzo que se haga para desvirtuar la razón de las cosas, al final la verdad puede estar en nuestras narices sin que nos demos cuenta. Y no quiero decir que esta sea la verdad, sino que puede serla.
¿Quién salió más beneficiado con la nacionalización de las minas, la revolución o Simón Patiño? Diremos depende del color con el que se desee mirar. Para la revolución fue el pueblo, para Patiño sus bolsillos. Mientras unos se hacían cargo de la producción con todos los costos que esto conlleva el otro se ahorraba un dineral en el pago de indemnizaciones a sus trabajadores junto con otros beneficios, es decir, entregar las minas era más beneficioso que sostenerlas, cuando el régimen de gobierno ya no podía ser dócil a su mandato.
Y entonces lo que se dice fue un acto de voluntad propia expresada por la revolución, se pudo haber convertido en una negociación pactada, que al final le reportó a Patiño una indemnización que fue pagada con el propio mineral nacionalizado. Vistas las cosas de esta forma, todo el encanto revolucionario se diluye como azúcar en el café y lo que tenemos es el resultado simple de un acuerdo que le servía a ambos lados.
Si así fue no lo sé, pero entonces me asalta la duda. Si aquella nacionalización bendecida por todos fue solo un pacto de intereses, lo que actualmente hace el gobierno más nacionalizador de la historia como es el actual, puede inscribirse en el ranking de las decisiones pactadas, donde los nacionalizadores ganan aplausos y los nacionalizados ganan dinero. Al final nacionalizar serviría solo para dar impresiones de soberanía, la cual tiene un precio que se llama indemnización.

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¿ES QUE TODO ESTA BIEN?


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Me gustaría saber que todo está bien. Al menos por ahora, pero mucho me temo que un desasosiego invade mi entorno y no deja espacio para el optimismo. Sé que es un estado de ánimo y sé que eso no puede ser utilizado para explicar objetivamente nada o muy poco. Pero es como me siento y por tanto será como escriba ahora.
¿Qué nos depara el destino? Es la eterna pregunta. Y en el afán de caminar me doy de bruces y el dolor es todo lo que queda. Si aprendiera un poco, al menos a ser menos impulsivo y tener la tranquilidad para esperar la señal correcta, pero no, no está en mí. Tengo la imperiosa necesidad de decidir, de buscar algo nuevo y en ese afán de destrozar el obstáculo. Lo que no siempre me ayuda a encontrar lo que busco.
Meditando estos pensamientos, me di cuenta de que el entorno que me acompaña es la causa de mi estado de ánimo. Y cómo no sería de otra manera. Si al prender la radio del carro, escucho a dos comentaristas referirse a “panzones, corredores, marihuaneros y maricones” y hacer de todos esos calificativos el tema del día, nada más porque tales adjetivos, convertidos en insultos, salieron de la boca de tal o cual político. Me dije que si esos políticos no existieran, que sería de ellos. En realidad son los políticos los que les dan trabajo y por supuesto tela para cortar. Solo que entre ese nivel político y de comentario la sociedad se baña con la mediocridad que termina convirtiéndose en el traje que nos ponemos todos los días.
Al llegar a casa y prender la televisión, vi el debate en directo sobre el estado del Estado en España. Don Mariano Rajoy había terminado de explicar sus afanes para terminar con la crisis que agobia a la madre Patria y el señor Pérez Rubalcaba le contestaba pidiéndole por enésima vez que dimita. El caso es que el tesorero del PP destapo la olla haciendo conocer ciertos pagos al propio Rajoy que le hizo su partido con fondos provenientes de ciertas empresas que pagaban a ese partido. La corrupción es cosa de todos, allá en las Europas y aquí en el nuevo mundo descubierto por ellos.
Pude ver entonces dos maneras de tratar a política, aquella que se desenvolvía entre insultos callejeros y la otra que trataba de definirse con dimisiones como si eso por si solo ayudaría a salvar la crisis. Y claro eso deprime. Que un país pobre como Bolivia se la pase entre feriados, danzantes, cerveza, contrabando y cocaína o que otro se crea que poniendo fin a un gobierno las cosas se resuelven, mientras crece el desempleo y las deudas lo entierran o que otro se distraiga con insultos como si estos fueran de una importancia suprema en medio de la pobreza, es para que el desasosiego te gane.
Y como si todo esto fuera poco, me entero de que el señor Obama, poderoso presidente del país más armado del mundo, les dice a los republicanos que si no se llega a un acuerdo presupuestario la seguridad nacional se pone en jaque. O sea, que unos piden dinero para armarse, otros para equilibrar el gasto y otros no saben en que pueden gastar, si en aviones, satélites, canchas de futbol o revocatorias. ¿Cómo no sentirse deprimido?

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