POR ENCIMA DE TODO

bolivarianos
Es tan repetitivo que a fuerza de oír, de tener que soportar la mentira comienzas a convivir con ella y lo peor a creer que es cierto. Y no es algo propio, es un denominador común convertido en la letra y música de un conjunto de gobiernos que preservan rasgos originales que los hacen diferentes, son estas nuevas democracias erigidas por el voto, reinventadas con nuevas constituciones y convertidas en procesos electorales permanentes.
Lo que impacta, es el apoyo intelectual que reciben de aquellos convencidos que estos gobiernos son la respuesta adecuada que la izquierda socialista pensaba y recreaba como posible allá por los años 70 del siglo pasado. Abanderados de la liberación, soldados antiimperialistas, militantes de la igualdad, sostienen que se debe defender “por encima y ha pesar de todo” a quienes impulsan esta nueva manera de hacer socialismo fincado en el voto.
Y es ese: “por encima de todo” lo que hace que los principios sobre los que se peleaba con la derecha en aquella época, sean ahora relativizados a un grado tal, que ya no son principios, se han convertido en adornos, los cuales se pueden quitar o poner según el traje que convenga.
Se creía firmemente que la corrupción era el flagelo sobre el cual se sostenía la derecha. Esos gobiernos se reeditaban porque “por encima de todo” estaban sus intereses, por eso permitían el saqueo de nuestras riquezas naturales, la injusta redistribución del ingreso y la explotación de obreros y campesinos en favor de las clases medias, a las cuales les permitían medrar de las migajas de la mesa en la que se servían los frutos de esa explotación, interna y externa.
Entonces no cabía con ellos el acuerdo, la negociación ni las concesiones, darles la mano era contagiarse de todo aquello que les permitía ser “ellos”. Por eso las distancias se hacían enormes y se buscaba diferenciar a la derecha de las contradicciones que se tenían con la izquierda. Ese era el principio que los convertía en algo distinto.
Y resulta que ahora esa izquierda que reclama el apoyo popular, ha devenido en ser lo mismo que esa derecha a la que combatían. Han desalojado de la mesa a sus antiguos propietarios y se han sentado en ella para servirse del pueblo igual que ellos, o peor, porque abjuraron de los principios que debían sostener “por encima de todo”.
Denuncia de corrupción en Bolivia, por fomento y protección al narcotráfico, por extorsión, chantaje y amedrentamiento social, denuncia de corrupción en Argentina por uso privado de los dineros públicos, denuncia de corrupción en Venezuela, Ecuador y Nicaragua por enriquecimiento ilícito del circulo bolivariano.
En todos ellos la explotación de las riquezas naturales sigue siendo la misma, el entreguismo pactado con el capital no ha variado, la pobreza se mantiene aligerada por el uso del asistencialismo oficial y la explotación de obreros y campesinos es el resultado de la aplicación del capitalismo salvaje. La gran diferencia es que los términos de intercambio ya no son absolutamente negativos, siguen vendiendo materias primas, pero ahora reciben mejores precios y sobre esa base han remodelado el mesa de la corrupción y las migajas que caen de ella son más abundantes, pero siguen siendo migajas.
Ante la denuncia de estas prácticas la derecha respondía que las mismas eran mentiras, actos desestabilizadores de la democracia, provocaciones propias de grupos radicales e inmediatamente salían a mostrar los beneficios de sus administraciones. Ese era la receta. ¿Cómo es ahora?
Cuando los periodistas que ejercen su profesión “por encima de todo” demuestran los actos de corrupción de estos gobiernos son calificados de enemigos de la democracia, de bandidos que calumnian, a los cuales se los debe perseguir y enjuiciar. Si esto no es suficiente, entonces estos gobiernos socialistas compran los medios, con testaferros, previo amedrentamiento de sus propietarios o los exilian.
En todos los casos acuden a la denuncia de que está en preparación un golpe. El golpismo como manera de provocar el miedo en aquellos ciudadanos que se alimentan de las migajas que reciben y entonces les pagan el transporte para que vayan a gritar a su favor, para convencerse de que tienen apoyo popular. Este apoyo popular inducido y facturado les permite seguir usufructuando de la corrupción de dirigen.
Es este tinglado armado bajo la bandera de “gobiernos de los pobres” el que tenemos. No hay mayor engaño que aquel sostenido por los propios engañados. En todo caso vale la letra que dice: si un traidor puede más que unos cuantos, que esos cuantos no lo olviden fácilmente.

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de napuco Publicado en 1