¿NO PASA NADA?


DANTE N. PINO ARCHONDO
No es como para preocuparse si a lo largo de estos siete años ya se hizo una costumbre observar, protestar y luego dejar hacer dejar pasar.
Así que ahora cuando los medios nos muestran a “gente de a pie” con sus garrafas en busca de gas, o nos avisan que el señor Vicepresidente le ordena a un Ministro “que antes que acabe su majau quiere que la carga de un empresario privado se desbloquee” o nos dicen que el Presidente Tata Evo, no sabía nada de la requisa del avión militar brasilero y de la humillación al ex embajador de ese país, o nos enteramos que en el campo Margarita hubo fuga de gas que puso a 700 trabajadores en peligro de muerte, y que empresas mineras dejan de operar por la caída de los precios internacionales de los minerales, mientras que dirigentes cocaleros azuzan a indígenas orientales, todo nos sabe a “normalidad” y para algunos a proceso de cambio.
Ni que decir de las noticias que descubren la red de extorsiones de fiscales, jueces y Ministros, embadurnados de podredumbre y que sin embargo siguen dando lecciones de educación y comportamiento social, porque nada ha pasado. Todo se parece al mundo del revés, pero no lo es.
Es una especie de abatimiento, hemos aflojado los músculos de la fuerza social y la anemia nos envuelve disminuyendo nuestra capacidad de reacción. Aunque desde el Beni se accionan protestas es casi un espasmo de contracción débil en medio de una laxitud total.
Un grupo de dirigentes cocaleros, campesinos urbanos y contrabandistas han asumido la conducción del país, mediante el voto ciudadano que los vio como la figura del cambio. A siete años de esa visión todos nos hemos convertido en rehenes de esa banda delincuencial y el temor ha ganado las calles y los caminos.
Nunca la corrupción alcanzó los grados y límites de ahora. Amparados en el silencio de la denominada Asamblea, que no es otra cosa que eso, una asamblea de dirigentillos pagados por el Ejecutivo para que voten y callen, con la anuencia muchas veces de los llamados opositores que cuando pueden les facilitan la tarea dejando sus curules.
Poco se puede hacer, si a todo esto sumamos la complicidad de una Fuerzas Armadas que no son de la República sino del Movimiento al Socialismo, que obligan a los soldados a gritar consignas comunistas a cambio de fondos reservados y que callan vergonzantes el fallo de la Corte Suprema de Justicia encarcelando a sus camaradas de armas por haber defendido un gobierno constitucional y legítimo.
Bolivia es vista en el exterior con conmiseración, con pena. Nos dicen que deben tener paciencia con nosotros porque tenemos que aprender y ese proceso es así. Durará lo que tenga que durar. Mientras tanto, mientras la pandilla siga gobernando Bolivia retrocede, se estanca, se aísla y se convierte en un nudo en la región que imposibilita el flujo del desarrollo de los pueblos indoamericanos.

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