ESTO NO ES NADA CREAMÉ


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DANTE N. PINO ARCHONDO

Mirando las cosas desde una perspectiva mucho más objetiva, con ojos desde afuera, como diría mi tía, todo lo que viene sucediendo en la política boliviana no es sino la continuidad de una estrategia que arrancó con la aprobación de TSC (Tribunal Supremo Constitucional) falló que tuvo como corolario, el juicio contra uno de los Supremos que denunció la injerencia del Poder Ejecutivo para que eso sucediera, aunque tal juicio se disimuló incoándolo por otra razón.

Quien tenga oídos para oír que oiga, viejo dicho bíblico, pero no por viejo menos cierto y aplicable a lo que acontece. Desde el mismo instante en que se “legalizó” la re elección por tercera vez, todo lo demás es la línea de continuidad que busca – aplicando la regla – de que el fin justifica los medios, lograr constitucionalizar la re elección indefinida.

Y en eso andamos Sancho. Con estas elecciones regionales y municipales el objetivo debería consolidarse. Es decir: hay que tomar las gobernaciones como las alcaldías, al menos siete de las nueve en capitales de departamento. Si los ofertas de gastar millones de dólares en obras de maquillaje urbano o todo lo que se le ocurra al Jefazo no bastan para convencer al electorado de que vote por sus burros amaestrados, y las amenazas de que si ellos no son elegidos, los elegidos por voluntad popular, no serán tomados en cuenta ni el registro de teléfonos del Palacio, entonces queda la alternativa instruida al Tribunal Supremo Electoral de trabajar concienzudamente en las urnas y definir el voto popular a favor del color azul masista.

Y si alguien duda de que todo esto no sea cierto, pregúntenle al candidato Ernesto Suarez y a sus más de doscientos candidatos eliminados por la metralla certera de unos bandidos que ofician de tribunos electorales, maniobra que como dice un periodista, que no es ningún despistado y que le han confinado su columna, esa instrucción no solo tiende a asegurar la victoria masista o anular la posible resistencia al gobierno, sino a consolidar el control sobre un departamento clave en las operaciones pro- narcóticas  que se vienen sucediendo y que no pueden ser objeto de una gobernación verdaderamente opositora.

Estamos Sancho encerrados sin remedio. Pues el poder que detentan, les permite todo, gracias – entre otras cosas – a los Altos Mandos Militares que ahora tienen el puño del comunismo en una mano y la otra abierta para recibir las retribuciones que les obligue a no abrir ese puño.

Sume usted ha todo eso querido Sancho, la denominada Asamblea Legislativa Plurinacional que en su mayoría aplastante son ciegos, mudos y sordos al Tribunal Supremo de Justicia que opera como zombies asustando y matando judicialmente a los enemigos del gobierno, a la Procuraduría General del Estado que son títeres digitados desde el mismo centro del Poder y tienes toda la masa lista para hornear tu pan.

La re elección indefinida marcha y quien crea lo contrario dice que hay que ir a votar en las urnas contra el MAS o buscar alianzas que alcancen ese fin. Toda una inocencia que enternece, pero nada más. Estos regímenes entronados en el voto popular digitado y manipulado no tienen en su ideario la alternabilidad constitucional: el socialismo soviético, chino o cubano así lo han demostrado. Son dictaduras maquilladas de democracia y en tal entendido las elecciones son un medio que debe probar su legitimidad para luego convertir a esta en la cuna desde donde se aplica la voluntad del dictador.

Por eso no debemos esperar a que salga el nuevo día pensando que el dictador dejará de serlo porque amanece.

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LOS REFUGIADOS


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No me sorprendió la verdad, la forma y manera con la que el gobierno salió a vociferar luego de que el ex Comandante de la Policía, Oscar Nina, fuera preso acusado de tener nexos y tratos con el narcotráfico y tuvieran que dar una explicación de cómo y por qué ocupó tal posición con la venia y felicitaciones del mismo señor Presidente, no se sabe si en calidad de tal o de máximo dirigente cocalero, pero que en todo caso demuestra los lazos nada finos que los unen.
Hace quince años que el señor Morales está gobernando ininterrumpidamente y ya es tiempo de que se hagan cargo, con algo de decencia de sus acciones y resultados, pero parece que esas virtudes no tienen, lo que si abunda en todo el círculo de gobierno es el cinismo y la mentira.
Yo debe hablar por mí, eso me corresponde y por ello tengo que referirme a las declaraciones de una señora de nombre Gabriela Montaño que ahora preside la Cámara de Diputados, quien se habría referido a quienes estamos perseguidos por su gobierno y en calidad de tales como refugiados, con los calificativos de “maleantes, malandros y ladrones” un vocabulario digno de una señora que representa a los, a su vez, señores diputados, quiero creer del MAS y no de todos.
Cada vez que se descubre a los verdaderos delincuentes enquistados en el gobierno, nombrados, elegidos o designados, se levanta una polvareda al mejor estilo de las mafias, que busca desorientar, confundir y ocultar la verdad. Y cuando esto sucede los primeros en ser nombrados somos los refugiados. No sé qué quiso decir en realidad esta señora, pero debo entender que trató de comparar a sus delincuentes con los perseguidos políticos, lo que tiene una enorme distancia.
Yo no creo que esta señora tenga la mínima idea de saber quién soy y dudo de que se haya tomado la molestia de ver el proceso por el cual se me acusa de genocidio, una acusación que no tiene ni pies ni cabeza, y que ha terminado con un juicio digitado desde el gobierno, con generales de la república en prisión.
Lo cierto y comprobable es que Estados como el de España, Estados Unidos, Paraguay, Perú y Brasil nos han otorgado refugio previo análisis legal, demostrado con pruebas, sobre la persecución política de que fuimos y somos objeto. Y tantos no pueden equivocarse. Algo tan simple como esto no cabe en el entendimiento y comprensión de esta señora que como dice Sabina tiene la lengua muy larga, la frente muy alta, y la falda muy corta.

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HAY CAMBIOS QUE NO QUIERO


ENTRE ROSARIO CANEDO Y YO

DANTE N. PINO

Toda la revolución que estamos viviendo muestra una serie de cambios substanciales que modifican de manera profunda nuestra cultura y creencias con las que hemos venido conviviendo estos años. Yo recuerdo cuando ingresé al Banco Central de Bolivia, allá por el año 1972, un año después de que el general Banzer derrocara al general Torres, las máquinas calculadoras mecánicas con las que trabajamos, los libros de contabilidad como enormes biblias en los cuales había que escribir, las cintas kilométricas llamadas huinchas, que debíamos recorrer cuando saltaba una diferencia. Y cada uno de nosotros en el departamento de contabilidad era una pieza del conjunto, de cuyo resultado dependía el final del día.

Como era joven, 22 años, y quería unos pesos extras, siempre me brindaba para llevar remesas, es decir, dinero en maletas para llenar la bóveda de los bancos en las provincias, esas maletas se depositaban en los vagones del tren, nos daban una dotación de revolver con el tambor lleno de balas y listo, a dejar el encargo. Una vez llegué a Tupiza casi al amanecer y no había un alma esperándome, el tren me dejó con tres maletas llenas de dinero, me quedé parado, en medio de la nada esperando un milagro, que se presentó bajo la forma de un buen hombre con una carreta, que sirvió para llevar las maletas a duras penas, hasta la sucursal del Banco del Estado. Tuve que golpear la puerta con la cacha del revólver y gritar que me abran. Salió el encargado somnoliento y le entregué el dinero. No sé si alguien en el pueblo se enteró, pero en esas maletas había como tres millones de pesos bolivianos.

Casi al medio de los ochenta cuando el Banco Central decidió mudarse a su nuevo edificio, justo al frente del que ahora se ha convertido en la sede de la Vicepresidencia de la República, los libros, huinchas, las maquinas mecánicas, comenzaron a mudar por otras, electro-mecánicas, eran más rápidas y las operaciones se podían contabilizar mejor, las comunicaciones mejoraron, ya no se usaba el “cambio y fuera” gritando, se podía hablar con calma y la administración decidió comenzar a usar las computadoras, habilitando un enorme espacio para albergar enormes cajas con cintas grandes, donde llegaron los ingenieros que comenzaron a darnos claves y signos para hacer el trabajo más fácil, lo que no fue cierto, porque se hizo más complicado y ese principio fue el caos tratando de ordenarse. Pero el progreso se abrió paso junto con las formas que se hicieron más agiles y con mejor contenido.

Pasar de lo mecánico a lo electro-mecánico y luego a la computación e informática ha sido una revolución en todos los sentidos de mi vida. En cada ocasión, mi generación ha tenido que saber acomodarse, reaccionar y aplicar la nueva realidad en su manera de ver el mundo, de relacionarse y de convivir. Quizás eso explica nuestra conducta generacional de aceptar el cambio permanente como algo normal y cotidiano, pensando que lo que tenemos ahora cambiará mañana sin mayor trauma.

Me pregunto si esa remesa que llevé a Tupiza en tres maletas con tres millones de pesos en ellas, y sin que haya sucedido nada, ahora sería posible hacer sin que nadie se entere. Utilizo mi android y transfiero o recibo dinero sin salir de casa, pago mis cuentas y espero que llegue mi pizza, compro boletos para el cine, envío mensajes a cualquier parte del mundo, me informo al minuto sobre lo que acontece y ya nada me causa impresión, porque lo que pasa aquí sucede allí.

Lo que no puedo aceptar aún, es la permisividad social para sostener a un grupo de personas, que manipulando el voto, se hacen del gobierno y delinquen y agreden y roban y asesinan usando toda la tecnología que tenemos para engañar, tergiversar y hacernos creer que estamos en el mejor de los mundos, como si todo ello fuera parte del cambio que queremos.

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