PARTIDO UNICO

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DANTE N. PINO ARCHONDO

Una de las descalificaciones usadas por los masistas cuando se cuestiona el carácter autoritario y antidemocrático con el que administran el Estado, es invocar el proceso de cambio y a partir de ese concepto declarar que el único partido que tiene ideología y que sabe a dónde quiere ir es el M.A.S. con este escudo contestatario todo lo que hacen está justificado y todo lo que se opone a lo que hacen es neoliberal y pro imperialista.
La recurrencia de referirse a “lo de antes” para englobar en esa frase toda la historia como algo que nunca debió suceder, como algo de lo cual hay que renegar permanentemente, nos delata el contenido conceptual sobre el que se desenvuelven en su imaginario colectivo, de ser los portadores de la buena nueva, es decir del cambio.
Si toda la historia nacional fue un error, refundarla es un deber. Y ahí tenemos a la nueva constitución política del Estado, como referente de la refundación y por tanto del nuevo camino que se debe seguir. Constitución que es un hibrido conceptual entre la república y lo plurinacional que tiende a negarla, entre la preeminencia de lo comunitario frente a lo individual y de la organización sindical ante lo empresarial.
Si todo el pasado tuvo un contenido colonial, el presente debe ser el instrumento para derribar la institucionalidad en la que se basó ese pasado y el futuro debe ser la construcción de ese ideal comunitario donde lo indígena se sobrepone a lo demás en el uso del lenguaje, las formas de organización societal y donde todo lo que no es indígena debe ser sometido primero y destruido después. Así se entiende el nacimiento del nuevo Estado Plurinacional.
Dicho lo cual, es necesario e imprescindible tener el control absoluto de los tres órganos de poder del Estado, para imponer esa visión. Y a partir de ese control, la vigencia del Partido Único como el rector que orienta toda la estrategia es una necesidad. Ante el tamaño de esta misión, procesos electorales, mal uso de los recursos estatales, gastos superfluos o cualquier problema que se presente son nimiedades a las que no hay que darles mayor importancia, teniendo en cuanta los supremos intereses en la construcción del nuevo Estado.
Y en eso están. Todas las decisiones en su contenido y formas que vienen asumiendo están enmarcadas en la estrategia de lograr imponer la reelección indefinida, meta que en este período debe consolidarse, para luego proceder a consolidar el nuevo Estado.
Si tenemos claro lo que se proponen, la destrucción de la institucionalidad en la justicia, la economía, la seguridad, forma parte de ese proceso que tiende a minar todo lo construido en un pasado histórico que nunca debió ser.
No hay peor sordo que el que no quiere escuchar. Y lo que está pasando es que la estrategia masista viene marchando mientras la débil oposición política le sigue el juego electoral. Las victorias de la oposición son meramente electorales, no tienen proyección institucional debido a la ausencia de estructuras político – partidarias que conviertan esas victorias en procesos ordenados de resistencia.
Desde ese ángulo lo que tenemos es un gobierno que cree en sus designios divinos para ser los autores del proceso de cambio, que está convencido de que Evo Morales debe ser Presidente vitalicio y que en este sentido todo lo que se pueda hacer para cumplir con su misión debe hacerse sin pensar que los medios no justifican el fin.

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