LA DELINCUENCIA ORGANIZADA

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DANTE N. PINO ARCHONDO

La Comisión Internacional contra la impunidad en Guatemala, cuya característica es ser una institución independiente de carácter internacional, pues fue conformada por las Naciones Unidas con el gobierno de Guatemala y ratificación del Congreso de la República, con la finalidad de apoyar al Ministerio Público, la Policía Nacional Civil  y otras instituciones del Estado en su lucha contra los cuerpos ilegales de seguridad y aparatos clandestinos, ha destapado una red de corrupción dedicada a la defraudación aduanera y el contrabando, que ha tocado hasta los cargos más importantes del gobierno.

El caso ha ocasionado un terremoto político en ese país, cuyas repercusiones tocan la puerta de la misma Vicepresidencia y cuyas derivaciones están por sentirse. Allanamientos y arrestos se produjeron acusando de realizar cobros ilegales a empresarios y usuarios en los servicios aduaneros.

Esto me puso a pensar, en la situación boliviana, donde el contrabando, las coimas que van unidas a la defraudación en la declaración de las importaciones, no tienen, como en Guatemala a una institución realmente independiente, sino a ramas que cuelgan del tronco central del mismo gobierno nacional y que en vez de luchar contra ese flagelo nacional promueven Decretos que legalizan la actividad del contrabando y sus efectos multiplicadores.

Sumando a esto la escalada de corrupción que se ha destapado en el Fondo Indígena, donde las declaraciones de los acusados muestran la enorme cara delincuencial con la que trabajaron y trabajan todavía con el pleno silencio del gobierno, la doble cara o moral con la que tratan el asunto y la insolencia con la que lo encubren, nos está mostrando una situación ya no solo de tolerancia ante la corrupción sino de encubrimiento desvergonzado.

Todo el andamiaje levantado con el san Benito del proceso de cambio ya no resiste más, ante tantas toneladas de corrupción ya nadie cree a estas alturas que los originarios sean los portaestandartes de la reserva moral. Si algo comienza a revelarse como el rasgo más profundo de estos años de gobierno cocalero, sindical, y de los llamados movimientos sociales, es la corrupción en todos sus niveles.

La ausencia de una resistencia social a este cuadro de descomposición no solo tiene en cuenta la débil oposición política sino a una gran parte del tejido social que se ha permeabilizado y beneficiado con el entramado del vivir bien de manera ilegal.

En Bolivia la conducta que promueve el contrabando, la defraudación fiscal, el uso indebido de los dineros del pueblo, el enriquecimiento fácil se ha convertido en un ejemplo que se debe emular. Y esto actúa como anestesia social que no solo la debilita sino la conforma.

No tenemos instituciones que hagan su trabajo con seriedad y responsabilidad. No tenemos a una CICIG como en Guatemala, donde los resultados cuentan, aunque estos lleguen a las máximas autoridades nacionales, lo que tenemos son espantapájaros que no asustan a nadie y que gastan dinero en propaganda sin mostrar ningún resultado.

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de napuco Publicado en 1