EL DIOS DE LA COCA NACIO EN ORINOCA

evo morales indio

DANTE N. PINO ARCHONDO

Dicen que la realidad es testaruda y que te persigue sin clemencia cuando tratas de ignorarla. Ahí están esos muchachos sobradores, consentidos y seguros de que todo se lo debemos. Sin ellos estos diez años de jolgorio no habrían existido. ¿No es que miraban desde lo alto a los neoliberales? Llegaron a decir que les dieron cátedra en el manejo de la economía. Se rieron y mofaron cuantas veces pudieron. En toda ocasión en la que el Jefazo se presentaba, comenzaba con la danza de cifras que mostraban el déficit de antes y los superávit de hoy, las menguadas reservas internacionales de antes y las millonarias de hoy, las pobres inversiones de ayer y los miles de millones presupuestados hoy y así sucesivamente lo de antes era la miseria y lo de hoy la bonanza. ¡Gracias al Jefazo y a nadie más!

Con esta pose de vencedores, de machos y todopoderosos arrancaban aplausos de sus huestes que les miraban con cara de incrédulos ante tanto éxito en tan poco tiempo. Lo que en cincuenta años no se hizo ahora en menos de diez ya estaba hecho, el Jefazo estaba ahí: regalando cheques a los Alcaldes, inaugurando estadios de futbol, convocando a asambleas en las comunidades indígenas, viajando en su avión a las Europas, dando la mano a reyes y príncipes, como todo un Jefazo hecho y derecho, haciendo sentir a sus congéneres la envidia y el Poder con gran ostentación.

Y el cuento del derroche se lo creyeron muchos, tantos que le recontra eligieron con más del cincuenta por ciento de los votos, dándole todo el poder, para que haga y deshaga y el Jefazo que de tonto no tiene un pelo, hizo y deshizo tal cual esperaban sus hermanos, enseñándoles que si se tiene todo el poder se usa y se abusa, como manda la ley de los machos.

Así que la fiesta ha durado diez años y alguito más. Se debe tener la sensación de que es poco para los invitados al derroche, porque se acostumbraron a vivir farreando y al final ya no sienten que son invitados, son los dueños: de la fiesta, del dinero que cuesta y de todo lo que eso conlleva.

¡El cielo es el límite!  Entonces podemos anular las licitaciones, transferir los dineros del pueblo a cuentas corrientes privadas, decidir compras millonarias, tener palacios y oficinas suntuosas, viajar como Jefazos en aviones privados, llevar a los dirigentes fieles y leales a viajar con gastos pagados en primera clase, regalar sedes sindicales, construir lo que se le venga en gana, como esa planta de urea ubicada en Bulo Bulo zona de los cocaleros teniendo el mercado en el Brasil, o la de propileno o fertilizantes que se hacen sin tener mercados ni gas para producir, es decir cuanta cosa se le ocurra al Jefazo no importa si es viable o no, si cuesta millones o no, si es necesario o no, él le mete nomás porque es el Jefazo, el dios aimara, el elegido y tiene que demostrarlo.

Ahora podemos entender cuando en sus primeros años decía que “no podía creer que era Presidente” y creo que nunca fue más sincero, la presidencia le cambio la vida, su vida se convirtió en un sueño de dinero, fortuna, caprichos, deseos y zalamerías, alabanzas y aplausos, el Jefazo ahora comía rodeado de mozos con guantes blancos. Era un sueño, su sueño.

¿Alguna vez fue consciente de la responsabilidad de ser Presidente? Podemos afirmar que no, nunca pudo tener conciencia de la responsabilidad, ni quiso tenerla, ni asumirla. Ni siquiera cuando le dijeron que iba a tener un hijo, ni cuando le avisaron que había fallecido. ¿Se puede ser más inconsciente?

Entonces para escapar a su responsabilidad la delega, y convierte al Vicepresidente en Co Presidente mediante una reforma constitucional y le entrega el Gabinete para dedicarse a vivir su sueño.

¿Cómo explicarle ahora que ya no hay dinero para el derroche, para sus viajes, para sus regalos, para que siga la fiesta? ¿Quién se atrevería a decirle que se acabó? Su Ministro de Economía y Finanzas Públicas debía ser el encargado de terminar con el sueño, pero no tiene el valor para decirle la verdad porque le mintió tanto y le consintió tanto sus caprichos que ahora sería cruel develarle la realidad. Así que decidió blindarse solito y construirse una oficina digna del ejemplo del derroche. Una manera de enviar un mensaje de prosperidad eterna.

Los otros, los demás, los que saben que tienen que atarle los cordones de sus zapatos para seguir siendo invitados, piensan que la re elección eterna es la solución. Su Co – presidente declama versos premonitorios de grandes males esotéricos si Evo se va. Sus huestes planifican las movilizaciones que pedirán a los dioses aimaras puedan quebrar las leyes y ungirlo nuevamente Presidente. En fin nada será mucho para evitar que la fiesta continué. Nada será suficiente para calmar sus ambiciones de dinero y de Poder. Por encima de la ley están ellos, que se han definido como propietarios del Poder y no como inquilinos. Así comienzan a preparar la masa de la injusticia y calientan el horno de la confrontación.

Todo aquel que ose rebelarse o disputarle el trono al dios de la coca tendrá que sufrir el castigo de la cárcel o el destierro.

 

 

 

 

 

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