EL MITO DE LA ECONOMIA BOLIVIANA

wipala

DANTE N. PINO ARCHONDO

El Producto Bruto Interno ha sido la bandera de propaganda utilizada por el gobierno de Evo Morales para mostrar las bondades de un curioso modelo económico bautizado como comunitario productivo. La cifra promedio de estos cinco años ha sido del 4.5 por ciento, de riqueza generada. El producto ha tenido este comportamiento debido a que las variables del consumo, del gasto de gobierno, las inversiones públicas y las exportaciones crecieron. Ahora bien, si nos remitimos al resultado simple del 4.5 por ciento promedio, podríamos pensar que la economía va por buen camino y que Bolivia, como manifestó -cuantas veces pudo el Ministro de Economía y Finanzas Publicas- está blindada ante la crisis del resto del mundo.

El asunto es que para cualificar este resultado no solo se debe medir la cantidad sino establecer la calidad del gasto y de la inversión. El gobierno boliviano ha tenido más de doscientos mil millones de dólares de ingresos en estos diez últimos años. Cifra que Bolivia no ha visto, desde hace sesenta años. Nunca como en esta década un gobierno dispuso de recursos tan abundantes.

Lo que sucedió podía ser comparado con el milagro bíblico de la multiplicación de los panes. El hecho de que el déficit fiscal y de comercio exterior se haya convertido en superávits, que la deuda externa condonada haya desaparecido, los depósitos bancarios tengan una dinámica extraordinaria y el consumo haya crecido muestra el impacto de este milagro en una economía pequeña.

Tal shock de recursos en tan poco tiempo necesita de una administración capacitada ya no para administrar la escasez sino la abundancia. Lo que no es fácil. Se trata de saber el cómo, para quién y cuándo se deben aplicar los recursos. Esta década demandaba la conformación de un gobierno de alta gerencia y sensibilidad social, donde la educación debió ser el eje central de la atención para mejorar la capacitación de nuestros recursos humanos en una política de Estado a largo plazo y la inversión el eje para reconvertir la economía extractiva en industrial y la economía agraria en agro-industria.

Lamentablemente en vez de dar un giro a la conformación de las estructuras del Estado con el fin de adecuarlas al momento histórico, se siguió por la vieja ruta del Estado interventor, corrupto e ineficiente. El gobierno populista de Evo Morales hizo exactamente todo lo contrario a lo que exigía la coyuntura, gastó con un grado de ineficiencia y corrupción nunca visto, ahuyentó la inversión privada extranjera, desanimó la inversión nacional, dejó desamparada a la agricultura y la ganadería y le dio carta blanca a la minería ilegal. En el terreno social la educación retrocedió en competitividad internacional, la salud no mejoró ni institucional ni programáticamente, la vivienda fue el negocio del blanqueo de dinero del narcotráfico y las fuentes de trabajo se redujeron al ámbito del Estado.

Todo esto nos lleva a afirmar que no es cuestión de propagandizar lo que muestran los indicadores económicos como señal de eficiencia, sin ver el fondo de las cosas.

Anuncios
de napuco Publicado en 1