LA REVOLUCION ES LA DEMOCRACIA


dpa-11

DANTE N. PINO ARCHONDO

Escuche algunas veces afirmar que no se puede dejar de admirar a quien no cambia su forma de pensar y vive y muere aferrado a sus creencias. Un revolucionario no puede dejar de ser lo que es y por tanto cualquier desviación de los principios consagrados en el marxismo – leninismo constituye un acto inaceptable, una traición una apostasía que debe pagarse con la vida misma. Lo mismo sucede con la religión o eres absolutamente creyente o no lo eres, no puedes creer a medias, igualmente no puedes ser revolucionario a medias.

Y con este principio que consagra la conducta y mantiene encarcelados a sus militantes en las celdas inamovibles de la ideología absolutista, pensar por cuenta propia o admitir que aquello que se creía no era verdad, te convierte en una persona odiosa, poco confiable y peligrosa.

Curioso si partimos de la concepción de que uno de los motores del pensamiento marxista es la dialéctica cuya base es el cambio permanente, lo que implica que una revolución verdadera no puede dejar de contener en sí misma el cambio como forma de construirla. Esto nos lleva al camino de la contradicción: cuando desde las direcciones burocráticas del partido se prohíbe pensar  con libertad y criticar el proceso de la revolución, para preservar los niveles de decisión y constreñir el pensamiento, por tanto la ideología, a la luz que puedan emitir los iluminados, se introducen los elementos de la contrarrevolución. Sin ellos no hay nada, con ellos hay todo.

Con esto se han destruido no solo las revoluciones sino se ha trizado la ideología que las sustenta, convirtiendo el cambio en permanencia y convirtiendo, esta,  en el conservadurismo retrogrado que acaba siendo contrarrevolucionario. Es decir son los mismos actores y protagonistas de la revolución los que terminan siendo contrarrevolucionarios.

Y acaban de esta forma porque son incapaces de aceptar los cambios y su adaptación a las nuevas condiciones que la realidad objetiva impone. Así  los Castro en Cuba pasan de ser revolucionarios a dictadores y más conservadores que el dictador al que vencieron, el chavismo de igual manera termina siendo el mejor ejemplo de la contrarrevolución y de lo que no se debe hacer, siguiendo por esta misma senda el señor Evo Morales en Bolivia, camina confundiendo lo que denomina proceso de cambio con su presencia permanente.

Es como un virus que penetra en el centro mismo del cerebro de la revolución y les convence de que esta depende de ellos. Su permanencia se convierte en la razón de ser de la revolución y las masas no deben concebir otra manera de ver su realidad. La realidad de los movimientos sociales está inmersa en la presencia del revolucionario convertido en dictador.

Las consecuencias de esto son la perdida de la libertad y de la justicia. Por eso cambiar no es malo si el cambio conduce a mejorar la realidad que tienes, admitir que la revolución al ser un cambio permanente necesita de la renovación y alternancia permanente de sus direcciones es el principio sobre el cual debe asentarse una revolución. Es lo que hace de la democracia la verdadera revolución, si además de la alternancia se consolidan los principios del voto y del respeto a las leyes como forma de ejercer el poder político estamos ante el altar de la libertad y de la justicia valores que al constreñirse o eliminarse terminan también con la revolución y la democracia.

La democracia concebida como la verdadera revolución es el nuevo concepto que debe substituir a la revolución marxista – leninista que ha sido históricamente un fracaso.

 

Anuncios
de napuco Publicado en 1