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LA VIEJA CÁRCEL DE SAN PEDRO

Tiahuanaco

DANTE N. PINO ARCHONDO

Casi en silencio voy desenredando pensamientos como cuadros de acción que pasan por esa vieja filmadora proyectando los recuerdos de blanco y de negro, casi en silencio tu recuerdo me aprisiona y me estremece, casi en silencio necesito tenerte.

Son tus viejas formas empedradas de calles angostas y sus faroles curiosos que recuerdan los tacones de esos días apurados de conspiraciones, fueron esas calles las que hablaron entonces. Tu mi plaza añeja entre lozas y verdes descuidados, con su cárcel y su iglesia mirándose de reojo, me gritas donde estaba y donde ahora te siento.

Estuve entre tus paredes San Pedro en esa habitación de oscuros y brillos de sol entre rejas, esperando sin espera y creyendo que nada era cierto, hasta que llegaba ella con su merienda que apenas comía y sin mirarla le pedía más de lo que podía. Alcanzaba a ver la iglesia y cuando oraba no me respondía.

Es el frio lo que lastima y es la ausencia lo que duele cuando extrañas las voces por las que te enviaron detrás de esas paredes nadie vino, nadie cantó en las afueras, todo fue silencio de veras.

Me encojo y me pierdo en añoranzas al recordarte y me pregunto cómo pude dejarte y recuperarte pensando que te perdía en cada instante, en cada tarde y en esas noches de negros augurios. Fueron días de sombra, pálidos grises y negros oscuros pidiendo a gritos sol.

Serás mi señora por siempre y mi amada eterna, serás la que pudo sacarme del encierro y devolverme a la lucha, serán esos ojitos traviesos los que me dirán sí cuando pida la ofrenda de seguir.

Como luciérnagas jugando con la luz así me alumbras inocente y peligrosa, yo te sigo aprendiendo a amarte como eres y a tenerte en los placeres que mi mundo ha creado para ti. Vencí a mi plaza y pude volver a su iglesia, tocar sus frías paredes de piedra y contemplar al Arcángel clavando su lanza en el dragón, entonces supe que nunca más dejaría que me encierren, que me quiten la vida.

 

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